“Serra sería un retroceso para Brasil y el continente”
Entrevista con Itelvina Masioli,
dirigente nacional del Movimiento de TRABAJADORES RURALES SIN TIERRA de Brasil
El mayor movimiento rural de Brasil rechaza al candidato de derecha, pero también remarca la deuda que deja el gobierno de Lula. Críticas al modelo sojero y los medios de comunicación. Un apoyo condicionado para Dilma Rousseff.
Por Darío Aranda
El Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil es una organización referente en las luchas continentales. Integrado por 350 mil familias –casi dos millones de personas–, cuenta con 27 años de experiencia en asentar familias en campos recuperados, fundar escuelas, producir alimentos sanos y movilizarse por uno de sus objetivos centrales: la reforma agraria. Ubica entre sus enemigos principales a las empresas transnacionales de los agronegocios y los grandes propietarios, “el latifundio”, ese uno por ciento de la población que posee el 46 por ciento de la tierra productiva de Brasil. Durante la mayor parte de su historia el MST tuvo como aliado incondicional al entonces trabajador y delegado sindical Luiz Inácio Lula da Silva, coincidían en luchas y movilizaciones. Cuando fue electo presidente, en 2002, los Sin Tierra festejaron, pues visualizaban mayores posibilidades de concretar sus demandas históricas. A ocho años de aquel momento, y a días de una nueva elección, Itelvina Masioli, dirigente nacional del MST, alertó sobre el avance del monocultivo de soja, apuntó contra el “latifundio mediático”, marcó las deudas de la gestión Lula y afirmó que un triunfo de José Serra (Partido Socialdemócrata) sería un retroceso para Brasil y el continente.
–¿Cuál es el balance que hace el MST sobre los ocho años del actual gobierno?
–La victoria de Lula tuvo todo un significado político muy grande y fue el resultado de una estrategia de años de la izquierda en Brasil. Fue una construcción histórica, fue una victoria del pueblo, un presidente de un partido declaradamente nacido del seno de la clase obrera brasileña, con trayectoria de compromiso con causas sociales y populares, un obrero nordestino, fue un mensaje fuerte. El MST siempre mantuvo autonomía, aunque no negamos que apoyamos a Lula y reconocemos que para el pueblo fue mejor un gobierno de Lula que uno de la derecha, pero es claro que en estos ocho años no hemos avanzado ni en reforma agraria ni en distribución de tierras. Por eso seguimos haciendo nuestro proceso de crítica, movilización y lucha permanente.
–¿La gran deuda del gobierno es no haber al menos comenzado a modificar el modelo de agronegocios?
–Es terrible, pero infelizmente hay que decirlo, no se puede negar que durante la presidencia Lula ha avanzado el modelo de agronegocios, incluso con financiamiento público. Nuestro deseo sería hacer otro tipo de balance, pero no sería la realidad. Por eso siempre fuimos críticos, por eso el movimiento en estos ocho años no dejó de movilizar, de seguir ocupando tierras y denunciando que este modelo de agronegocios es muy dañino. En los últimos años aumentó la concentración de tierras. Según datos oficiales el 46 por ciento de la tierra está en manos del uno por ciento de los productores. Sin embargo es la agricultura campesina la que produce el 70 por ciento de los alimentos. El agronegocio no genera alimentos para la población, no genera trabajo, degrada suelos, produce enfermedad, no cumple función social y destruye la naturaleza.
–¿Por qué no se avanzó en el modelo campesino?
–Porque el Estado brasileño, en sus distintos niveles, tiene en su composición a un sector de los agronegocios, ruralistas, que tiene fuerza. El gobierno tiene gran responsabilidad en eso, sobre todo por no haber tenido mayor osadía de enfrentar los poderes constituidos.
–¿Cuáles fueron las acciones positivas?
–Se implementó una política muy importante de compra directa de la producción campesina, algo muy positivo que permite el fortalecimiento de organizaciones y de las familias rurales. Otra acción importante es el programa de Luz para todos, energía eléctrica para el campo, las comunidades, escuelas campesinas, y que permite desarrollar pequeñas agroindustrias. Otros aspecto importante es que los movimientos presionaron y discutieron un programa de viviendas para el campo. Son todas conquistas del movimiento campesino de Brasil, no fueron iniciativas regaladas, sino conquistas de nuestro proceso de acumulación, movilización y presión.
–Un discurso recurrente es que el sector campesino no puede producir lo suficiente para la población.
–En Brasil se gastan millones de reales en marketing, propaganda, para decir que el agronegocio es productivo, que genera riqueza. Es un bombardeo masivo de propaganda. Pero cuando se estudian las estadísticas reales, los censos, se demuestra que la agricultura campesina produce el 70 por ciento de alimentos, no son las empresas de los agronegocios las que producen alimentos. Paralelamente no aparece esa realidad en los medios, sólo aparece el gran modelo de agronegocios, lo muestran como exitoso, sin dar cuenta de sus consecuencias sociales, ambientales, sanitarias, geopolíticas, con alta concentración de riqueza en manos de transnacionales.
–¿Por esa manipulación mediática es que el MST plantea que la lucha es también comunicacional?
–La lucha comunicacional es estratégica en la lucha social, es una batalla de ideas y de modelos antagónicos donde un modelo, de agronegocios, cuenta con toda la prensa, y el sector campesino es sistemáticamente invisibilizado. Así como luchamos contra el latifundio del campo, también luchamos contra el latifundio de la comunicación que hay en Brasil, que no es diferente del que se da en los países, que niega y criminaliza las luchas del pueblo, medios masivos de comunicación que están al servicio de las empresas transnacionales del agro, que hacen negocios con el hambre del pueblo.
–Hay una experiencia en la Argentina y en la región de organizaciones en lucha que son sumadas a los gobiernos progresistas, donde también se suele interpretar como cooptación. ¿Cuál es la situación en Brasil?
–Es parte de la historia de Brasil la cooptación de organizaciones del campo popular, no es una exclusividad de Lula, donde también está presente esa estrategia. Muchas organizaciones se han debilitado, muchos cuadros de las organizaciones fueron a desempeñar áreas de gobierno. Quizá esas tareas pueden tener su importancia, pero se enflaquece la organización social y eso no es sano. Es importante mantener la autonomía, y desde allí fortalecer a gobiernos que tienen un compromiso progresista, que tienen más posibilidades de avanzar con políticas que salden la agenda social pendiente. Para que se produzcan esos cambios debe haber un movimiento social organizado, con capacidad de presión. Como MST tenemos autonomía para hacer una lectura crítica, para decir que este gobierno dejó pasar la oportunidad histórica de saldar una deuda social de más de 500 años para el pueblo brasileño.
–¿Cuál es la relación del MST con el gobierno?
–El Movimiento va haciendo una lectura permanente y manteniendo siempre su autonomía de los partidos políticos y del gobierno. Mantenemos un posicionamiento crítico, valoramos las cuestiones que son buenas para el pueblo y denunciamos y criticamos lo que es malo. Cualquiera sea el gobierno, nuestro rol es movilizar y presionar para que el gobierno mejore las condiciones de vida del pueblo: tierra, comida, educación. El MST marca esa agenda para que los gobiernos cumplan con esos derechos del pueblo.
–¿El MST apoya explícitamente a Dilma Rousseff?
–Nuestro rol no es hacer campaña por candidatos, sino organizar y movilizar a los pobres del campo para tener tierra, justicia, dignidad. Lo que hicimos fue, junto a organizaciones campesinas y populares, realizar un plataforma de políticas rurales que entregamos a los candidatos. Es una plataforma donde planteamos las problemáticas y reivindicaciones históricas. A partir de allí, orientamos a nuestra base social a votar a los candidatos que tienen un compromiso histórico con las luchas populares y sociales.
–Eso ya elimina a varios candidatos.
–Exacto. Hay candidatos que tiene compromiso con causas sociales. No es nuestro papel decir a quién votar, pero también somos muy conscientes de que un gobierno de (José) Serra será un retroceso político, es la derecha, es asumir que el país y el continente retroceden. Un triunfo de Serra significa criminalización, represión, nada positivo para el pueblo. Las organizaciones sociales y el campo popular no pueden permitir un triunfo de Serra.
–Suponiendo que Dilma Rousseff sea electa, ¿qué agenda propondrá el MST?
–La agenda ya está presentada. Es una agenda histórica del movimiento campesino de Brasil y Dilma la conoce muy bien, comenzando con la reforma agraria. Dialogaremos con Dilma, nos conocemos bien, pero seguiremos exigiendo cumplir con la deuda pendiente y siempre seguiremos con nuestro proceso de movilizaciones. Dilma conoce las banderas históricas de la clase trabajadora, sabe de la necesidad de la reforma agraria y de una política agropecuaria que privilegie la producción de alimentos y no forrajes para exportación. Dilma sabe quiénes somos y qué queremos los campesinos.
Fuente: Página 12, 29.09.10
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Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos
Ricardo Carpani, 1991, acrílico sobre papel
30/09/2010
12/09/2010
Sebreli en el espejo
Sebreli, liberal de izquierda
Por Roberto Páez González
11.09.10
* LA NACION – Domingo 05.09.2010
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Por Roberto Páez González
11.09.10
En su Entrevista con Juan José Sebreli, publicada por La Nación del domingo pasado* Ricardo Carpena nos esgunfia con este título textual: “Hay un desliz hacia el totalitarismo en la modificación de la historia”. ¡Oiga! ¿desliz? ¿que cuando cambia se desliza o que al cambiar teclea, se pasa de la raya, incurre en riesgo?
Avezado “liberal de izquierda”, Sebreli, como dice Carpena “critica el uso pragmático y populista que el Gobierno hace de las banderas del progresismo, y cuestiona la falsificación del pasado en que incurrió la Presidenta al hablar de la década del 70”.
Tengo el corazoncito cerca del peronismo. Por eso me gustó el título de una película de Leonardo Favio (Sinfonía de un sentimiento, ¿recuerdan?). Desde luego, el corazoncito nunca fue neoperonista y aquel peronismo de la Década, como el peronismo de la Resistencia ya están arraigados en el arcervo referencial de los argentinos. Pero la entrevista no podrá causarme problemas coronarios, como Carpena previene en su introducción.
Todo eso de que Argentina no es un país apto para cardíacos, como el peronismo tampoco, es pura gansada. Gansadas que tampoco asustan por sus ribetes contra el kirchnerismo. Hay en ello mucho del viejo y duro antiperonismo, incluso de antiperonismos que se ignoran.
Como el propio Sebreli se encargó de contar en diversas entrevistas y en su autobiografía, él conoció a mucha gente, mucho argentino y especialmente de Buenos Aires, como para sentirse auténticamente sorprendido con sus descubrimientos de ahora. Pero de sus intervenciones en Sur y Contorno o los cuestionamientos de Eva Perón ¿aventurera o militante? a las entrevistas cancheras que da, por ejemplo, a La Nación, descolla el tupé de una decadencia ya rancia.
Se conoce que Kirchner no le gusta nada y no llama la atención que –aún siendo homosexual declarado, como recuerda Carpena- no valore el impulso dado desde la Casa Rosada a la ley de matrimonio igualitario: “Los gays les deben importar poco y nada. El tema es conquistar un sector del electorado, de clase media más o menos progresista, que les resultó adverso en las elecciones. Algo parecido a lo que hizo Perón en 1954, que de golpe sacó una serie de medidas muy progresistas, como el divorcio o el reconocimiento a los hijos naturales, nada más que para molestar a la Iglesia. Y ahora también es un poco para eso. Es típica manipulación política.”Al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen. No le faltan dioptrías y seso para aforar los adalides de la contra con mansedumbre gorila por Macri y homenaje a Carrió por una coherencia que, por mi parte, veo como el mucílago de la Pico Fatal.
Por cierto, Carpena lo sabe y lo dice: a Sebreli no lo quieren tanto como al Che, a Carlitos o a Diego. Tiene que conformarse, quevachaché. Pero supura rivalidad mimética y con sus armas de plumífero ¡otra que si la envidia fuera tiña!
Mas como dice Carpena, Sebreli –entre otros récords- es “un intelectual que pasó del existencialismo sartreano al lopezmurphismo, pasando por el marxismo y el peronismo de izquierda, hasta recalar en su actual definición ideológica: socialista liberal”. No hay de que quejarse: en el vídeo que acompaña la nota también ejerce un trotskismo de cuarta para endilgarle a CFK que es una estalinista por su relato del siglo XX argentino, especialmente de los setenta.
El misántropo está de juerga para hacerle el caldo gordo a La Nación de Mitre y el Clarín de Ernestina y Magnetto. Puede que la chispa maree la perdiz, pero para nosotros, no.
Después de autoritario, tacha al “régimen kirchnerista” de totalitario a partir de la presentación del informe sobre Papel Prensa. Resulta que los montoneros … Pero hay un hombre muerto en accidente enigmático y un traspaso de propiedad a precios ganga de la liquidación de saldos del año 76. Lesa humanidad. Y sobre todo –hoy- hay un monopolio del que participa el diario cuyo reportero lo entrevista (para sacarle brillo). Acabáramos, ¿o no es nada todo eso?
Aduce una falsificación de la historia a la manera estalinista; y Sebreli explica que el problema eran los montoneros, no la dictadura militar. Es el colmo porque Perón “que evidentemente falseaba mucho, no se metió con la historia, podía falsificar hechos del presente, pero el pasado no le interesaba. A esta gente, sí.”. Por qué, pregunta el periodista, y Sebreli destaca que es para quedarse con Papel Prensa.
La producción y distribución de papel para diario es una actividad sensible para la libertad de expresión y está más clarito que el agua que la posición dominante de Clarín y La Nación condicionan y vulneran la libertad de prensa en Argentina. El monopolio debe ahora acogerse a la nueva normativa de medios y en cuanto a la producción de papel diario la Presidenta ha tenido razón de enviar al Congreso un proyecto de ley para declararla de interés público. ¿O no es de interés público?
En cuanto a los temas historiográficos, en efecto: Perón no se metió con la Historia Oficial, de cuño mitrista, claro está. Pero la historia real no siguió en vano y la labor de diversos enfoques retrospectivos sirvió para desmontar la mentira del dogma oficial: Scalabrini Ortiz, John William Cooke, José María Rosa, Hernández Arregui, Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo Puiggrós, Arturo Jauretche, Norberto Galasso y otros nombres ya muy conocidos -más una plétora de activistas que enarbolaron y debatieron esas interpretaciones fundadas en hechos y en conceptos de liberación nacional- legaron una visión distinta del siglo XX y de la historia de nuestro país, Latinoamérica y el mundo.
Sebreli tiene algo de pendejo de ochenta años, con el tesón inveterado de dárselas de alguien contra viento y marea, pero también de plumífero funcional por más que se abanique en la esquina de la provocación, compadrito con su egolatría, mirando la paja en el ojo ajeno bajo el gorro frigio que lleva de farolito.
Perón ganó las elecciones contra todos los diarios. Vale. Eso no supone que Kirchner para ganar los tenga que tener a sus pies. ¿Pero a quién le cabe duda que los diarios esos –la corporación- macanean todo el tiempo, influyendo dentro y fuera del país sobre la imagen que se tiene del mismo? Que Sebreli lo niegue es que al compadrito Sebreli se le vuela el lengue y le tapa los ojos o simplemente miente, miente también. Los medios no expresan la realidad, como él afirma: intervienen, y lo hacen aviesamente llevando agua para determinados molinos de la oposición, como se vio con la reciente foto de Magnetto con los dirigentes de la misma.
Para rebatir a Kirchner (quien dijo: “Los progresistas somos nosotros”) Sebreli le encasqueta el marbete de “populista”. Con esa palabra deshonrada agita un verdadero flatus vocis, erige el espantajo que cohesiona a la clase media amaestrada por los diarios. Apela al pensamiento mágico tilingo, agregando: “los populistas no son de izquierda ni de derecha, son de izquierda o de derecha de acuerdo con las circunstancias”. Es el remanido recurso de convocar categorías políticas a la europea (bastante maltraídas en la propia Europa) al conjuro de universales ultimatos democráticos, endilgándole al rival las perversiones satánicas que bordean lo peor de lo peor.
¿Tiene o no tiene derecho Kirchner, como otro político también, a tratar de “conquistar a un sector del electorado, la clase media más o menos progresista”? Es una pregunta implícita que le molesta. Pero el periodista lo ayuda en la faena funcional:
“-¿No le parece sincera la postura del kirchnerismo?”
“-No creo que les interese en lo más mínimo. Es algo parecido a lo que hizo Perón en 1954…”Para Sebreli los Kirchner “tienen una gran habilidad política”, lo que no dice como elogio, sino atribuyéndole un rasgo de malignidad. De la oposición piensa que en el Congreso está frenando a los Kirchner, pero que a mediano plazo es pesimista porque no le ve capacidad para las importantes reformas necesarias. Cuando el periodista pregunta cuáles, Sebreli menciona dos temas: la libertad sindical y “terminar con el subsidio al ‘capitalismo de amigos’, ineficiente, sin capacidad exportadora alguna y que ha vivido siempre de la asistencia del Estado.”¿Cómo puede ser que Sebreli ponga el tema de la libertad sindical como prioridad? Es paradójico, pero Sebreli no lo aclara en absoluto, aunque considera que las causas son bien anteriores a Kirchner y atribuye un fracaso a Raúl Alfonsín en el intento de hacer esa reforma sindical.
Sorprende ya no conque no somos un país normal, sino con que si lo fuéramos “muchos de los políticos de la oposición podrían gobernar perfectamente. Es gente honesta, seguramente con ellos no habría el grado espectacular de corrupción que hay con el kirchnerismo, tampoco el autoritarismo”. Y tras la hipótesis contrafactual: “Pero este no es un país normal. Con eso solo no bastaría. Vamos a seguir con el mismo modelo económico del kirchnerismo y de esa forma, aun sin corrupción ni autoritarismo, no saldremos de la decadencia.”
Repasa a su manera –desenfadadamente- los años posteriores a la dictadura militar. Nadie sale bien parado; ni siquiera Solanas que sería un kirchnerista de los del principio, que no cambió nada mientras que Kirchner cambió. Pero critica a toda la clase política porque: “si fuera inteligente, lúcida y avanzada no sería como la nuestra, que lee y vive de las encuestas y hace lo que opina la gente.”El único que le gusta es Mauricio Macri: “Tiene la ventaja de ser algo novedoso y de no ser peronista. Pero no va a poder ser candidato sin la apoyatura del peronismo anti-K. Entonces vamos a estar en lo mismo.”Sebreli consigue reírse diciendo que se identificaría plenamente con Juan B. Justo (ya muerto, desde luego). El periodista le dice “Muchos lo consideran un ‘gorila de izquierda’. ¿Es así?” y Sebreli dice que la palabra gorila debería ser descartada. Y por qué populismo debería ser conservada, preguntamos nosotros (también riéndonos).
Sebreli quiere definirse en línea con Norberto Bobbio, “que se decía socialista liberal”, pero no socialista a secas, por temor a ser confundido con seguidores de regímenes dictatoriales como el castrismo y el chavismo; y tampoco “liberal a secas porque el liberalismo argentino en el siglo XX ha cometido graves errores, como el apoyo, por ejemplo, a las dictaduras militares.”Además, no puede estar “con una izquierda que, en general, ha desdeñado las libertades individuales y tampoco con una derecha que desdeña totalmente el papel del Estado”.
Total que Sebreli se encuentra intelectual y políticamente acorralado por la situación política. También se encuentra atrapado sin salida en el contexto de la historia argentina (ya sea la oficial o la revisada). El periodista dice que se define y que es implacable, pero lo es al bardo, pensamos por nuestra parte. En realidad, es enemigo declarado del peronismo, como dice Carpena, pero sobre todo del de la Sinfonía del sentimiento. Le gusta sentirse crítico, como un intelectual deber ser, como asegura, pero es un crítico a la violeta. El entrevistador dice que le parece un poco arbitrario pero que le da la sensación de ser un hombre libre. Pobre Sebreli, ¡qué va a ser libre! Y cuando dice “No es que sea coqueto. Es que soy feo”, lo que pasa no es que sea feo, sino que es coqueto, ¿pero a quién le quiere gustar, social y políticamente hablando? Se sigue mirando en el espejito de la cultura semicolonial que tuvo Argentina; se sigue preguntando quién es el más bello del reino; pero aunque no perdone nada a nadie, sabe que no pasa más el tren que estuvo esperando.
* LA NACION – Domingo 05.09.2010
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07/09/2010
Derechos Humanos y el tema de Papel Prensa
Correr los límites de lo posible
Por Demetrio Iramain*
Por Demetrio Iramain*
A cada paso de la actual política oficial en materia de Derechos Humanos, sale a la luz no sólo la complicidad y el interés común entre poderosos actores económicos y genocidas militares, sino también el cinismo con que ese progresismo para atrás justificó durante todos estos años sus tibiezas y traiciones.
La trama Papel Prensa, además de poner en su lugar a Clarín y La Nación, corre los límites que cierto progresismo bienpensante se había autoimpuesto durante todos estos años, y a partir del cual sus estrategas y escribas pontificaron qué se podía hacer y hasta dónde, descalificando como “sectarios”, “ultras” y todo lo demás a quienes excedían las fronteras de lo “políticamente correcto”. Ejemplo: las Madres de Plaza de Mayo.
A cada paso de la actual política oficial en materia de Derechos Humanos, sale a la luz, no sólo la complicidad y el interés común entre poderosos actores económicos y genocidas militares, sino también el cinismo con que ese progresismo para atrás justificó durante todos estos años sus tibiezas y traiciones, y que las Madres enfrentaron no pocas veces en total soledad. Un relato que, de modo permanente, juzgó de “fanáticos” e “irreflexivos” a quienes no se ciñeron a los estrechos márgenes de lo posible.
Los héroes de cotillón que el progresismo de la democracia tutelada –en “libertad ambulatoria”, según palabras de la presidenta– entronizó, se caen al piso ahora, y de la porcelana rota en mil pedazos no sacamos ni para ladrillo. Entre ellos, la del ex fiscal Julio César Strassera, aquel que quería pasar a la Historia con esa frase que utilizó para cerrar su alegato en el Juicio a las Juntas: “Señores jueces: nunca más.” Junto con el ex fiscal, es el propio juicio a los jerarcas dictatoriales el que comienza a ser puesto en cuestión.
Aquel juicio –desde sus implicancias hasta sus justificaciones– estructuró durante todos los años siguientes la trama argumental de todo ese espectro del pensamiento teñido de progre y bien visto, que tan desbordado se ve ahora por la sucesión de medidas oficiales. Lo cierto es que contemplaba sólo a los miembros de las tres primeras juntas militares genocidas –las de los generales Videla, Viola y Galtieri–, pero no a la de Bignone, con quien la Multipartidaria –que el radicalismo integraba con posición dominante–, pactó la entrega del poder y las condiciones en que esta se produciría, y que el alfonsinismo triunfador en las elecciones de 1983 cumplió hasta el paroxismo.
Entre aquellos sombríos pactos radicales-militares, indudablemente estuvo el de evitar por todos los medios el juzgamiento en tribunales civiles sólo de quienes “se excedieron en la represión”; pero si ello resultara inevitable (y debido a la presión popular de entonces, lo fue), que fueran los propios jueces y fiscales que actuaron durante la dictadura quienes los llevaran adelante. De ahí la confirmación en sus cargos que el gobierno elegido en octubre de 1983 hizo del 90% de los jueces y fiscales –entre ellos Strassera–, que también lo fueron en la oscura etapa de los hábeas corpus rechazados y la suspensión de la Constitución por los estatutos del Proceso de Reorganización Nacional, como pomposamente se llamaba a sí misma la dictadura.
Quizás ahora se den las circunstancias para que todos podamos entender el por qué de las Madres en su rechazo a la CONADEP, a su “Comisión de notables”, a la “verdad” radical de confeccionar una lista de muertos, pero no de asesinos. Es muy sintomático que se cuestione ahora al gobierno por investigar recién promediando su segundo mandato consecutivo lo sucedido en Papel Prensa, y nadie se pregunte por qué no fue la CONADEP la que lo investigara, y sólo circunscribiera su labor al relato macabro del horror, pero no a la matriz económica del genocidio.
Quizás ahora sí entenderemos la conmovedora decisión de las Madres de negarse a exhumar los cadáveres de sus hijos, de darlos por muertos, hecho traumático que el sistema judicial demandaba como condición indispensable para probar la muerte clandestina, aunque tipificándola como una sumatoria insignificante (en cuanto al número) de delitos comunes –privaciones ilegítimas de la libertad seguidas de tormentos y homicidios–, y no como un “genocidio”, figura jurídica que hubiera correspondido aplicar en aquel juicio de 1985, y que recién fue observada en el histórico fallo del Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata, presidido por el juez Rozanski, más de 20 años más tarde, en septiembre de 2006.
Quizás ahora sí cobre relevancia y vitalidad aquel saludable planteo ético y profundamente político de las Madres de Plaza de Mayo, expresado en su negativa a cobrar las reparaciones económicas que el Estado pagaba a los deudos de los desaparecidos. Es precisamente ese argumento –que los Graiver fueron indemnizados en su oportunidad por el Estado por sus activos quitados forzosamente–, el que sobrevuela sobre la subjetividad popular trabajada por los medios monopólicos, a través de la cual se pretende quitar legitimidad a quienes testimonian lo que ocurrió en la empresa productora de papel de diario. En un drama humano y político tan grave como el de Papel Prensa, con su consecuencia social y cultural inmediata, como lo es la libertad de expresión severamente amenazada por el manejo monopólico del principal insumo para hacer diarios, todo se tiñe de otra cosa si se cuela el dinero, suciedad capitalista con la que nadie podrá asociar nunca jamás a las Madres de Plaza de Mayo.
Quizás ahora, al enterarnos de la sugestiva gestión que Magdalena Ruiz Guiñazú hizo muy recientemente ante Lidia Papaleo, a pedido del diario La Nación, podamos entender por qué esta periodista tan prestigiada y mimada por la corporación mediática, estrella descollante de la CONADEP, amenaza recurrentemente a Hebe de Bonafini con iniciarle una querella por injurias, toda vez que la presidenta de las Madres recuerda su pasado como cronista útil a la dictadura militar.
Por lo demás, resulta extraño que sean justamente Strassera y ahora Federico Storani quienes traten de impugnar moralmente al matrimonio presidencial por su –según ellos– desconocido compromiso con los Derechos Humanos antes de su asunción como presidentes de la Nación. Justo ellos, que integraron el Poder Judicial durante la dictadura, y rechazaron habeas corpus –el ex fiscal–, y levantaron obedientes la mano para votar las leyes de Punto Final y Obediencia Debida –el otro–, sin contar las muertes que el radical tiene en su haber, cuando apenas asumido el cargo de ministro del Interior del por entonces flamante presidente De la Rúa, ordenó desalojar el Puente Chaco-Corrientes por la Gendarmería, y cayeron asesinados cinco desocupados. Esa mueca de autoridad tan típica en la UCR.
Si ese argumento miserable y rastrero que utilizan Strassera y Storani fuera atendible, a la vez que beneficia a los represores militares, también daría razón a la escandalosa justificación a la que echó mano Menem para indultar a los pocos genocidas que el alfonsinismo dejó en cárceles de lujo, atendidos por sus propios camaradas, al terminar abruptamente su mandato. Como él había estado en prisión durante la dictadura –se amparaba Menem–, tenía legitimidad de origen y catadura ética para “perdonar” a los asesinos y “pacificar” la Nación a través de su insoportable gestualidad prodictatorial.
Lo cierto es que Cristina Fernández y antes su marido, Néstor Kirchner, hicieron exactamente a la inversa de lo que aconsejan la real politik y el posmodernismo neoliberal, manuales desde los cuales analizan el escenario político tantos que los critican, precisamente por las políticas más defendibles del kirchnerismo. Obraron con firmeza ante poderosos enemigos, no durante los años en que ocupaban cargos de menor importancia institucional, sino al arribar a la investidura más significativa de la democracia argentina.
No se sentaron a negociar su retirada con los poderes invisibles, fácticos, del poder real tras el traspié electoral del 28 de junio; fue precisamente allí cuando profundizaron su visión inclusiva de país. Fueron al revés de todo lo conocido y aconsejable por ese inútil prospecto del posibilismo que siguieron al pie de la letra sus actuales adversos por izquierda. No fueron idealistas y socializantes cuando jóvenes, y tecnócratas y talibanes del mercado al momento de asumir –grandes y maduros de edad– la más alta función del Estado.
Bienvenidos, entonces, los Kirchner a la historia grande de los patriotas argentinos. Como las Madres. Como Julio Cortázar. Como Rodolfo Walsh. Como tantos y tantas que, más tarde o más temprano, comprendieron con humildad y honradez que el compromiso es uno solo: con el pueblo, o contra él.
*Director de la revista Sueños Compartidos, Fundación Madres de Plaza de Mayo.
Fuente: Tiempo Argentino, 7.9.10
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27/08/2010
Sobre el Informe del traspaso de acciones de Papel Prensa
EL INFORME SOBRE LA INVESTIGACION DEL TRASPASO DE LAS ACCIONES DE PAPEL PRENSA A CLARIN, LA NACION Y LA RAZON EN NOVIEMBRE DE 1976
Negocios y dictadura: testimonios y documentos
Por Sebastián Premici
El detallado informe, a partir del relato de testigos y víctimas, da cuenta de las circunstancias en las que Papel Prensa cambió de manos. El papel de la dictadura. El testimonio del testaferro de Graiver. La defensa de Clarín y La Nación.
El Informe Papel Prensa: La Verdad da cuenta del contexto en que se produjo el traspaso de la papelera hacia los diarios Clarín, La Nación y La Razón. El Ministerio de Economía y la Secretaría de Comercio publicaron ayer en su sitio web (www.mecon.gov.ar) la investigación, presentada esta semana por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. A partir de los testimonios de Lidia Papaleo de Graiver y Rafael Ianover, sumado a material documental, el informe da cuenta del momento exacto en que las autoridades de la última dictadura militar comenzaron a participar de las “negociaciones”, desde las presiones a Papaleo hasta la aprobación por parte de la Junta del traspaso de las acciones. En el último tramo del informe también se ofrecen detalles sobre el “pacto de sindicalización”.
El contexto
En los anexos del informe sobre Papel Prensa figuran una serie de testimonios de los involucrados en la operatoria, entre ellos, Lidia Papaleo, mujer de David Graiver, ex dueño de la papelera. “El Sr. Martínez Segovia, que era presidente de Papel Prensa, me citó a un almuerzo para comunicarme que venía en representación del ministro de Economía, Alfredo Martínez de Hoz (que además era primo de Segovia). En ese encuentro me dijo que debía firmar la cesión de las acciones de la empresa. Dado los hechos que se vivían en el país, tomé conciencia que las amenazas de muerte, tanto para mi hija como para mí, eran auténticas. En ese terror fui citada para el día 2 de noviembre de 1976, por la noche, a una reunión en las oficinas de La Nación.”
Antes de esa fecha, las acciones de la papelera estaban en manos de los herederos de David Graiver, fallecido en agosto de 1976 (Juan Graiver, Eva Gitnacht y María Sol, representada por su madre, Lidia Papaleo). Según consta en el informe, Isidoro Graiver le había cedido sus acciones a David en febrero de 1976. Por otro lado, estaban Galería Da Vinci y Rafael Ianover, testaferro de Graiver.
Esa noche del 2 de noviembre del ’76, como relata Papaleo, se encontraron en el edificio del diario La Nación todos los involucrados pero en oficinas separadas. Según relata el propio Ianover, él mantuvo un encuentro a solas con Patricio Peralta Ramos, uno de los dueños de La Razón. “Mire, yo estoy dispuesto a firmar esta transferencia siempre y cuando a mí no me ocurra nada”, manifestó Ianover, tal como consta en el informe. “Le doy mi palabra que a usted no le pasará nada”, respondió Peralta Ramos. Sin embargo, Ianover fue secuestrado el 12 de abril de 1977. Previamente, ya había sufrido la presión de un grupo de tareas, según un testimonio brindado el 7 de julio de este año.
“En la reunión en La Nación se suscribe el boleto de compraventa sobre el cual jamás pude opinar. Sólo pagaron 7000 dólares de un total de un millón de dólares”, manifestó la viuda de Graiver.
Según consta en el informe, al momento de la firma de ese contrato, Papaleo contaba en su poder con las acciones de la sucesión, las cuales aparecieron 22 días después en una caja fuerte del viejo Banade. La versión oficial de Clarín y La Nación indica que ellos nunca tuvieron en su poder las acciones de la sucesión; sin embargo, esas acciones fueron para Fapel, la sociedad que constituían los tres diarios, junto a algunos particulares. A lo que hay que agregar que la “transferencia” se realizó en el propio edificio de La Nación.
¿Qué era Fapel?
La sociedad denominada Fábrica Argentina de Papel para Diarios fue constituida en febrero del ’76. La integraban los tres diarios, y algunos de sus directivos. El 10 de noviembre del ’76, a ocho días de la firma del contrato de compraventa, Fapel cedió las acciones adquiridas a los Graiver a los tres diarios. Esta transferencia se realizó sin la existencia de las acciones de Papaleo (que aparecieron el 22 de noviembre de ese año), y por un pedido de la Junta Militar. Dentro de este contexto, José Pirillo, años después dueño de La Razón, denunció que en los balances del diario nunca aparecieron registros de esa transferencia.
Luego de realizada la operación, debía ratificarse lo realizado en una asamblea de accionistas, que tuvo lugar el 4 de marzo de 1977. Para esa fecha, había en total cinco operaciones de venta que debían concretarse, entre ellas la venta de las acciones de “Rey, Doretti e Ingeniería Tauro” a Galería Da Vinci. Según el informe presentado esta semana, quien allanó el camino para concretar la asamblea y el traspaso de las acciones de Fapel a los tres diarios fueron las autoridades de la dictadura militar.
A partir de un acuerdo entre la “Junta Militar –dice la investigación– y los tres diarios se acordó que el Estado nacional votaría a favor de las transferencias de las acciones, que se aprobaría la cesión de acciones entre Rey, Doretti e Ingeniería Tauro y Galería Da Vinci, a cambio de que éstas empresas se quedasen con la licitación para la construcción de la planta papelera”. Después de este acuerdo, la Junta Militar aprobó el ingreso de los diarios. A los diez días de celebrada esa asamblea, Lidia Papaleo de Graiver fue secuestrada.
“¿Por qué tuvieron que mantener en libertad a Papaleo hasta firmar la venta?”, se autopreguntó la Presidenta durante la presentación del informe. “Para evitar que la compañía cayera en manos de la Conarepa, que era el órgano que se quedaba con los bienes de los detenidos. Todo el patrimonio de los Graiver quedó en la Conarepa, salvo Papel Prensa”, se respondió Fernández de Kirchner.
El pacto de sindicalización
El 18 de agosto de 1977, los tres diarios firmaron dicho “pacto”. Ahí se comprometieron a “actuar conjunta y coordinadamente asegurando la unidad de criterio en la conducción de la empresa”. También se obligaron a votar siempre en el mismo sentido, tanto en las Asambleas como en el Comité Directivo. “En el supuesto de que la transgresión consistiera en votar en las asambleas en contradicción con lo resuelto por el comité, la multa a aplicar será del 25 por ciento del valor de las acciones propiedad de la transgresora”, puede leerse como uno de los artículos del pacto de sindicalización.
Según el informe, este pacto fue comunicado a la CNV recién este año. De todas maneras, el Ejecutivo encontró pruebas de su existencia en la Inspección General de Justicia, dentro del expediente sobre la quiebra de La Razón. A partir de esta situación, el Poder Ejecutivo enviará al Parlamento un proyecto de ley para declarar la producción, comercialización y distribución del papel para diarios como un servicio de interés público.
Fuente: Página 12, 27.08.10
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Negocios y dictadura: testimonios y documentos
Por Sebastián Premici
El detallado informe, a partir del relato de testigos y víctimas, da cuenta de las circunstancias en las que Papel Prensa cambió de manos. El papel de la dictadura. El testimonio del testaferro de Graiver. La defensa de Clarín y La Nación.
El Informe Papel Prensa: La Verdad da cuenta del contexto en que se produjo el traspaso de la papelera hacia los diarios Clarín, La Nación y La Razón. El Ministerio de Economía y la Secretaría de Comercio publicaron ayer en su sitio web (www.mecon.gov.ar) la investigación, presentada esta semana por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. A partir de los testimonios de Lidia Papaleo de Graiver y Rafael Ianover, sumado a material documental, el informe da cuenta del momento exacto en que las autoridades de la última dictadura militar comenzaron a participar de las “negociaciones”, desde las presiones a Papaleo hasta la aprobación por parte de la Junta del traspaso de las acciones. En el último tramo del informe también se ofrecen detalles sobre el “pacto de sindicalización”.
El contexto
En los anexos del informe sobre Papel Prensa figuran una serie de testimonios de los involucrados en la operatoria, entre ellos, Lidia Papaleo, mujer de David Graiver, ex dueño de la papelera. “El Sr. Martínez Segovia, que era presidente de Papel Prensa, me citó a un almuerzo para comunicarme que venía en representación del ministro de Economía, Alfredo Martínez de Hoz (que además era primo de Segovia). En ese encuentro me dijo que debía firmar la cesión de las acciones de la empresa. Dado los hechos que se vivían en el país, tomé conciencia que las amenazas de muerte, tanto para mi hija como para mí, eran auténticas. En ese terror fui citada para el día 2 de noviembre de 1976, por la noche, a una reunión en las oficinas de La Nación.”
Antes de esa fecha, las acciones de la papelera estaban en manos de los herederos de David Graiver, fallecido en agosto de 1976 (Juan Graiver, Eva Gitnacht y María Sol, representada por su madre, Lidia Papaleo). Según consta en el informe, Isidoro Graiver le había cedido sus acciones a David en febrero de 1976. Por otro lado, estaban Galería Da Vinci y Rafael Ianover, testaferro de Graiver.
Esa noche del 2 de noviembre del ’76, como relata Papaleo, se encontraron en el edificio del diario La Nación todos los involucrados pero en oficinas separadas. Según relata el propio Ianover, él mantuvo un encuentro a solas con Patricio Peralta Ramos, uno de los dueños de La Razón. “Mire, yo estoy dispuesto a firmar esta transferencia siempre y cuando a mí no me ocurra nada”, manifestó Ianover, tal como consta en el informe. “Le doy mi palabra que a usted no le pasará nada”, respondió Peralta Ramos. Sin embargo, Ianover fue secuestrado el 12 de abril de 1977. Previamente, ya había sufrido la presión de un grupo de tareas, según un testimonio brindado el 7 de julio de este año.
“En la reunión en La Nación se suscribe el boleto de compraventa sobre el cual jamás pude opinar. Sólo pagaron 7000 dólares de un total de un millón de dólares”, manifestó la viuda de Graiver.
Según consta en el informe, al momento de la firma de ese contrato, Papaleo contaba en su poder con las acciones de la sucesión, las cuales aparecieron 22 días después en una caja fuerte del viejo Banade. La versión oficial de Clarín y La Nación indica que ellos nunca tuvieron en su poder las acciones de la sucesión; sin embargo, esas acciones fueron para Fapel, la sociedad que constituían los tres diarios, junto a algunos particulares. A lo que hay que agregar que la “transferencia” se realizó en el propio edificio de La Nación.
¿Qué era Fapel?
La sociedad denominada Fábrica Argentina de Papel para Diarios fue constituida en febrero del ’76. La integraban los tres diarios, y algunos de sus directivos. El 10 de noviembre del ’76, a ocho días de la firma del contrato de compraventa, Fapel cedió las acciones adquiridas a los Graiver a los tres diarios. Esta transferencia se realizó sin la existencia de las acciones de Papaleo (que aparecieron el 22 de noviembre de ese año), y por un pedido de la Junta Militar. Dentro de este contexto, José Pirillo, años después dueño de La Razón, denunció que en los balances del diario nunca aparecieron registros de esa transferencia.
Luego de realizada la operación, debía ratificarse lo realizado en una asamblea de accionistas, que tuvo lugar el 4 de marzo de 1977. Para esa fecha, había en total cinco operaciones de venta que debían concretarse, entre ellas la venta de las acciones de “Rey, Doretti e Ingeniería Tauro” a Galería Da Vinci. Según el informe presentado esta semana, quien allanó el camino para concretar la asamblea y el traspaso de las acciones de Fapel a los tres diarios fueron las autoridades de la dictadura militar.
A partir de un acuerdo entre la “Junta Militar –dice la investigación– y los tres diarios se acordó que el Estado nacional votaría a favor de las transferencias de las acciones, que se aprobaría la cesión de acciones entre Rey, Doretti e Ingeniería Tauro y Galería Da Vinci, a cambio de que éstas empresas se quedasen con la licitación para la construcción de la planta papelera”. Después de este acuerdo, la Junta Militar aprobó el ingreso de los diarios. A los diez días de celebrada esa asamblea, Lidia Papaleo de Graiver fue secuestrada.
“¿Por qué tuvieron que mantener en libertad a Papaleo hasta firmar la venta?”, se autopreguntó la Presidenta durante la presentación del informe. “Para evitar que la compañía cayera en manos de la Conarepa, que era el órgano que se quedaba con los bienes de los detenidos. Todo el patrimonio de los Graiver quedó en la Conarepa, salvo Papel Prensa”, se respondió Fernández de Kirchner.
El pacto de sindicalización
El 18 de agosto de 1977, los tres diarios firmaron dicho “pacto”. Ahí se comprometieron a “actuar conjunta y coordinadamente asegurando la unidad de criterio en la conducción de la empresa”. También se obligaron a votar siempre en el mismo sentido, tanto en las Asambleas como en el Comité Directivo. “En el supuesto de que la transgresión consistiera en votar en las asambleas en contradicción con lo resuelto por el comité, la multa a aplicar será del 25 por ciento del valor de las acciones propiedad de la transgresora”, puede leerse como uno de los artículos del pacto de sindicalización.
Según el informe, este pacto fue comunicado a la CNV recién este año. De todas maneras, el Ejecutivo encontró pruebas de su existencia en la Inspección General de Justicia, dentro del expediente sobre la quiebra de La Razón. A partir de esta situación, el Poder Ejecutivo enviará al Parlamento un proyecto de ley para declarar la producción, comercialización y distribución del papel para diarios como un servicio de interés público.
Fuente: Página 12, 27.08.10
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18/08/2010
El Constitucional de Colombia rechaza acuerdo con EEUU
El fallo exige que el Congreso apruebe el uso de las bases
El Tribunal Constitucional colombiano exigió ayer que el acuerdo militar que firmaron los Gobiernos de EE UU y Colombia el año pasado sea sometido a votación por el Congreso.
El acuerdo contempla el uso de siete bases por parte de soldados estadounidenses en el país sudamericano, y según el Tribunal debe pasar el trámite parlamentario para ajustarse a la Constitución.
La decisión del tribunal, que fue adoptada por seis votos a favor y tres en contra, deja sin vigencia con efecto inmediato los términos de la colaboración entre los dos países.
El objetivo del acuerdo, cuya duración prevista era de 10 años, era combatir el terrorismo y el narcotráfico en la región. Estados Unidos pretendía usar las bases para albergar aviones de vigilancia y asaltar buques cargados de droga en aguas del Pacífico, la principal vía de entrada de cocaína al país.
Washington también se comprometía en virtud del acuerdo a asistir al Ejército colombiano en operaciones antiterroristas y antidrogas en la región.
El acuerdo bilateral suscitó airadas reacciones de protesta en la región. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, lo consideró una amenaza directa contra su país, lo que le llevó a suspender las exportaciones colombianas a Venezuela, así como a cancelar una serie de programas energéticos conjuntos.
Otros líderes latinoamericanos como el presidente de Ecuador, Rafael Correa, o el de Bolivia, Evo Morales, también se opusieron a la firma por considerarlo una injerencia intolerable de Estados Unidos en la región.
El ministro del Interior colombiano, Germán Vargas Lleras, aseguró ayer que el Gobierno acataría el fallo del tribunal.
Fuente: El País - Agencias - Bogotá - 18.08.10
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El Tribunal Constitucional colombiano exigió ayer que el acuerdo militar que firmaron los Gobiernos de EE UU y Colombia el año pasado sea sometido a votación por el Congreso.
El acuerdo contempla el uso de siete bases por parte de soldados estadounidenses en el país sudamericano, y según el Tribunal debe pasar el trámite parlamentario para ajustarse a la Constitución.
La decisión del tribunal, que fue adoptada por seis votos a favor y tres en contra, deja sin vigencia con efecto inmediato los términos de la colaboración entre los dos países.
El objetivo del acuerdo, cuya duración prevista era de 10 años, era combatir el terrorismo y el narcotráfico en la región. Estados Unidos pretendía usar las bases para albergar aviones de vigilancia y asaltar buques cargados de droga en aguas del Pacífico, la principal vía de entrada de cocaína al país.
Washington también se comprometía en virtud del acuerdo a asistir al Ejército colombiano en operaciones antiterroristas y antidrogas en la región.
El acuerdo bilateral suscitó airadas reacciones de protesta en la región. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, lo consideró una amenaza directa contra su país, lo que le llevó a suspender las exportaciones colombianas a Venezuela, así como a cancelar una serie de programas energéticos conjuntos.
Otros líderes latinoamericanos como el presidente de Ecuador, Rafael Correa, o el de Bolivia, Evo Morales, también se opusieron a la firma por considerarlo una injerencia intolerable de Estados Unidos en la región.
El ministro del Interior colombiano, Germán Vargas Lleras, aseguró ayer que el Gobierno acataría el fallo del tribunal.
Fuente: El País - Agencias - Bogotá - 18.08.10
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16/08/2010
Carta abierta a Grobocopatel
Agro y economía nacional
Carta abierta a Grobocopatel
Por Aldo Ferrer *
A raíz de la polémica que vienen sosteniendo a través de Página/12 el escritor Mempo Giardinelli y el empresario sojero Gustavo Grobocopatel sobre la cuestión social del agro y su responsabilidad en la protección del medio ambiente, empiezan a surgir otras voces que se suman al debate. Aquí, la del economista Aldo Ferrer.
Estimado Gustavo:
Recordarás que, hace algún tiempo, con nuestro común amigo Bernardo Kosakoff, publicamos un artículo, en co-autoría, sobre el papel de la cadena agroindustrial en la economía y la sociedad argentinas. En estos días he leído un intercambio de cartas abiertas que mantuviste, con Mempo Giardinelli, sobre las mismas cuestiones y no resisto la tentación de entrometerme para señalar algunos puntos. El intercambio es muy rico y esclarecedor sobre cuestiones fundamentales, como la protección del medio ambiente y los recursos naturales y la cuestión social en el agro. Al mismo tiempo, creo que el análisis debe ubicarse en el contexto más amplio del desarrollo de toda la economía nacional en su inmenso territorio y su posicionamiento en el orden mundial. Concentraré mi comentario en la cuestión de las retenciones, que es crucial en el tratamiento del tema.
Decís en tu carta: “Las retenciones son anti-Chaco, anti-desarrollo rural, anti-equidad”. No es así, por múltiples razones. No se puede hablar de retenciones sin referirlas al tipo de cambio. Es como tratar de contar la historia de Hamlet sin el príncipe de Dinamarca. Desvincular las retenciones del tipo de cambio no es sólo una insuficiencia de tu afirmación, sino una falta generalizada en todo el debate sobre la materia. La consecuencia es que el problema se reduce a su impacto en la distribución del ingreso. En mi intervención en las comisiones de Agricultura y Hacienda de la Cámara de Diputados de la Nación, durante el tratamiento de la resolución 125, destaqué que el debate se limita a ese aspecto distributivo cuando, en realidad, lo que está en juego es la estructura productiva y el desarrollo económico.
Las retenciones tienen un efecto fiscal y desvinculan los precios internos de los alimentos exportables de los precios externos. Pero estos objetivos podrían alcanzarse, en principio, por otros medios. Para el único fin para el cual las retenciones son insustituibles es para establecer tipos de cambio diferenciales, que es lo que realmente importa para la competitividad de toda la producción interna sujeta a la competencia internacional, en toda la amplitud del territorio nacional y sus regiones.
La necesidad de las retenciones surge del hecho de que los precios de los productos agropecuarios respecto de las manufacturas industriales son distintos de los precios relativos de los mismos bienes en el mercado mundial. Es decir, las retenciones permiten resolver el hecho de que, por ejemplo, la producción de soja es internacionalmente competitiva con un tipo de cambio, digamos, de dos pesos por dólar y, la de maquinaria agrícola, de cuatro. Los tipos de cambio “diferenciales” reflejan las condiciones de rentabilidad de la producción primaria y las manufacturas industriales. La brecha, es decir, las retenciones, no es estrictamente un impuesto sobre la producción primaria, sino un instrumento de la política económica. El mismo genera un ingreso fiscal cuya aplicación debe resolverse en el presupuesto nacional, conforme al trámite constitucional de su aprobación y ejecución.
La asimetría entre los precios relativos internos e internacionales no es un problema exclusivamente argentino. La causa radica en razones propias de cada realidad nacional. Entre ellas, los recursos naturales, nivel tecnológico, productividad y organización de los mercados. En la Argentina inciden, entre otros factores, la excepcional dotación de los recursos naturales y los factores que históricamente condicionaron el desarrollo del agro y la industria. Todos los países utilizan un arsenal de instrumentos (aranceles, subsidios, tipos de cambio diferenciales, etc.) para “administrar” el impacto de los precios internacionales sobre las realidades internas, con vistas a defender los intereses “nacionales”. En la Unión Europea, por ejemplo, sucede a la inversa que en nuestro país: las manufacturas industriales son relativamente más baratas que los productos agropecuarios. En consecuencia, se subsidia la producción agropecuaria, lo cual insume la mayor parte de los recursos comunitarios. Si no lo hiciera, desaparecería la actividad rural bajo el impacto de las importaciones, situación inadmisible por razones, entre otras, de seguridad alimentaria y equilibrio social.
¿Cuáles serían las consecuencias de unificar el tipo de cambio para eliminar las retenciones? En nuestro ejemplo, si el tipo de cambio fuera el mismo, dos o cuatro por dólar, tanto para la soja como para la maquinaria agrícola, en el primer caso (dos por dólar) desaparecerían la producción de la segunda y gran parte de la industria manufacturera, sustituida por importaciones. Las consecuencias serían un desempleo masivo, aumento de importaciones, déficit en el comercio internacional, aumento inicial de la deuda externa y, finalmente, el colapso del sistema. En el segundo caso (cuatro por dólar), se produciría una extraordinaria transferencia de ingresos a la producción primaria, el aumento de los precios internos y el desborde inflacionario. En las palabras de Marcelo Diamand, en la actualidad, dada nuestra “estructura productiva desequilibrada”, es inviable la unificación del tipo de cambio para toda la producción sujeta a la competencia internacional. Unificar el tipo de cambio traslada los precios relativos internos a los internacionales, con lo cual el campo se convierte en un apéndice del mercado mundial en vez del rol que le corresponde como sector fundamental de un sistema económico nacional, condición necesaria del desarrollo de cualquier país.
¿Por qué es preciso, simultáneamente, tener mucho campo, mucha industria y mucho desarrollo regional? ¿Por qué es necesaria la rentabilidad de toda la producción sujeta a la competencia internacional? Por la sencilla razón de que la cadena agroindustrial (incluyendo todos sus insumos de bienes y servicios provenientes del resto de la economía nacional) genera 1/3 del empleo y, por lo tanto, es inviable una economía, próspera de pleno empleo, limitada a su producción primaria, por mayor que sea la agregación de valor y tecnología al complejo agroindustrial. En otros términos, no es viable una economía nacional reducida a ser el “granero” ni, tampoco, la “góndola” del mundo. Sólo con esto nos sobra la mitad de la población. Por otra parte, la ciencia y la tecnología son el motor del desarrollo de las sociedades modernas y, para desplegarlas, es indispensable una estructura productiva diversificada y compleja que incluya, desde la producción primaria con alto valor agregado, a las manufacturas que son portadoras de los conocimientos de frontera.
Si se alcanza el convencimiento compartido sobre la estructura productiva necesaria y posible, se abandona la discusión de las retenciones como un problema reducido a la distribución del ingreso. Se plantean entonces dos cuestiones centrales. Por una parte, el tipo de cambio que maximice la competitividad de toda la producción nacional sujeta a la competencia internacional. Es decir, el tipo de cambio de equilibrio desarrollista. Por la otra, el nivel de las retenciones compatibles con la rentabilidad de la producción primaria e industrial, tomando en cuenta los cambios permanentes en las condiciones determinantes de costos y otras variables relevantes. Las retenciones deben ser “flexibles” y tomar nota de tales cambios. Al mismo tiempo, deben aplicarse de la manera más sencilla posible. Por ejemplo, la comprensible demanda del ruralismo integrado por pequeños y medianos productores de recibir un trato preferente es, probablemente, difícil de cumplir con retenciones distintas conforme al tamaño de las explotaciones o la distancia a los puertos y centros de consumo. Otros medios pueden ser utilizados con más eficacia para los mismos fines.
Es necesario referir los problemas señalados en el intercambio de cartas comentado al desarrollo nacional. Vale decir, el pleno despliegue del potencial, la gobernabilidad, la libertad de maniobra en un mundo inestable, la inclusión social, factores todos que, en definitiva, son esenciales para la prosperidad del campo, de la industria, las regiones, el capital y el trabajo, y para proteger la naturaleza y el medio ambiente. Para contribuir a tal fin es indispensable aclarar, de una vez por todas, qué son y para qué sirven las retenciones.
*Economista del Plan Fénix.
30/07/2010
¿Progresista, Sarlo?
¿Impresentables, quiénes, Sarlo?
Por Roberto Páez González, 28.07.10
Hay a quienes les gusta hablar de Platón o de Zaratustra cuando hablan de política argentina de hoy. Pasa bastante, asique si Beatriz Sarlo -en su artículo “Entre progresistas e impresentables”, de La Nación de hoy- evoca a Carl Schmitt podría parecer otra pompa de erudición destinada a gustar, y nada más. Pero no es así. Por quién fue Carl Schmitt y porque Sarlo lo menciona en relación a la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner y al ex presidente, Néstor Kirchner.
Lo hace después de haberse despachado críticamente respecto de casi todos los principales dirigentes políticos del período siguiente a la dictadura militar, acaso para dar la impresión de que no es mucho más mala con los Kirchner que con los demás.
Plantea la relación de los hombres políticos con el progresismo (aunque incluye a Graciela Fernández Meijide y Elisa Carrió). Bastante rápidamente se convence de que hoy por hoy casi nadie dice Soy un hombre de izquierda. Deja ese “lugar del espectro” a “pequeños partidos de origen trotskista y las organizaciones sociales no peronistas, sectores de la CTA y Proyecto Sur”.
Bien, ¿qué más? Vino Perón -porque parece que siempre vuelve- hizo un batido … ¡es increíble! es mejor citarla (un párrafo completo): “Los historiadores han afirmado muchas veces que Perón refundó de tal modo las identidades políticas que la división clásica entre derecha e izquierda perdió su sentido europeo o el que tiene en Chile y Uruguay. Otros agregan que, mucho antes, la Unión Cívica Radical había provocado esa dilución. El peronismo, muy notablemente, reclutó intelectuales que venían de la izquierda tradicional, del trotskismo y de la derecha nacionalista; los sometió a un batido ideológico manifiesto en los debates de los años sesenta y setenta del siglo XX. Entre las cosas que Kirchner trajo como novedad, figura la de haber reanimado la conciencia de que algo políticamente valioso se juega en la definición de progresista”.
O sea que: primeramente, se desliga un poco, escudándose en “los historiadores”; segundo: Perón –deus ex machina- repartió identidades políticas de “tal modo” que “la división clásica entre derecha e izquierda perdió su sentido europeo o el que tiene en Chile y Uruguay”; tercero: ya la UCR “había provocado esa dilución”. Bueno, leemos el resto del párrafo: el peronismo se permitió reclutar componentes y batirlos ideológicamente durante los años sesenta y setenta; finalmente, parece que Kirchner reanimó la conciencia de que en el progresismo hay algo de políticamente valioso.
¿Y qué? Preguntaría un extraterrestre … podría suponer que el peronismo es o era una fábrica de frutas, o que como dice “batido ideológico”- fue un brainstorming, un seminario, un coloquio …
Es con un propósito descalificador -para entendidos- que hace que se sobreentienda que en Argentina también funcionamos mal ideológicamente y somos ariscos como para no adaptarnos a la sana lógica razonable de derechas e izquierdas de Europa.
Luego se le ocurre decir que entre tanto “hubo cambios en las teorías sobre la política” y ahí emerge su Schmitt bañándonos de luces por añadidura: no importa lo que dice sobre “el decisionismo” o el “definir un conflicto en términos de amigo y enemigo”, sino que Carl Schmitt estuvo allegado al nazismo en sus orígenes y aunque el Tribunal de Núremberg finalmente no lo inculpó, pasó dieciocho meses en prisión; su antisemitismo no fue por cuestiones raciales sino religiosas.
Sarlo agrega que “a Kirchner se le atribuyó esa capacidad decisionista de creación vertical, de arriba hacia abajo, de lo político”. Por más que parezca mentira en Sarlo –destacada intelectual- no hay otro remedio que admitir que en esta nota salta continuamente del palo al frasco.
Empero, para algo es. Nos asegura que “Carl Schmitt fue leído en Europa y en la Argentina no como un pensador de la derecha, sino como brecha para renovar el pensamiento de la izquierda atascada en el parlamentarismo y el reformismo”. ¡Ja! Para peor, añade de inmediato que Chantal Mouffe se sirvió de perspectivas schmittianas y que ella es lectura de cabecera de la Presidenta. Recordemos, de paso, que Chantal Mouffe firmó Hegemonía y Estrategia Socialista con el reconocido Ernesto Laclau, autor también de La razón populista, en la que puso distancia crítica ante la percepción eurocéntrica del populismo como régimen político que degrada los valores de la democracia representativa en América Latina.
Por tanto, Beatriz Sarlo quiere matar dos pájaros de un tiro, pero no se anima aquí a usar el nombre de Laclau.
Viene el turno de Carta Abierta, cuyos intelectuales, según Sarlo, le dieron atractivo a la idea progresista con tres “argumentos”. El latinoamericanismo, el pueblo y la profundización de los cambios.
Hubo un debate cara a cara televisado entre Beatriz Sarlo y Horacio Gonzalez; éste dejó claro que si en la historia argentina hay una suerte de línea republicana liberal, también hay una suerte de línea nacional y popular. Sarlo finge no estar enterada –aunque mencionó lo de Perón, la UCR, y los años sesenta y setenta- como si el enfoque latinoamericanista de Carta Abierta y su crucial distingo entre “pueblo” y “gente” fueran hongos ideológicos que aparecieron después de la última lluvia.
Lo hace adrede, porque después llama “viejos discursos desactivados” a los de la Reforma universitaria, los socialistas Manuel Ugarte y Alfredo Palacios, el antiimperialismo revolucionario … vale decir, como si las novedades de Carta Abierta tuvieran que estar cortadas de una continuidad en los debates y elaboraciones de un pensamiento nacional, de una formación de la conciencia nacional, como sintetiza en su libro de 1960 Juan José Hernández Arregui.
Justamente, si el latinoamericanismo y el sujeto “pueblo” interesan, es porque hoy en Argentina soplan nuevas ganas culturales, por las que cada vez más ciudadanos se identifican con la unión suramericana –con la música y la cultura, los pueblos originarios, la paz, las soberanías nacionales y las mejoras sociales- y también ansían participar en la democracia y sentirse sujetos activos en los cambios, sin ignorar que hubo en nuestro país una disyuntiva histórica pueblo-oligarquía, reflejada también en la pulseada Gobierno-Mesa de enlace. Para Sarlo, Carta Abierta “activa temas como la identidad cultural asentada en una geografía histórica, de los que se creía, en los años noventa, que ya estaban definitivamente enterrados”. Pero ni estamos en los noventa, ni estaban enterrados, aunque Sarlo hace como que no se percata.
En cuanto a la profundización de los cambios, sigilosamente nos toma por tontos y eventuales cómplices a muchos de los que estamos apoyando a este gobierno, dando a entender que nos llevan de la nariz, e insistiendo en esa palabra mágica de estos años, la “caja” presidencial.
Dice que el impulso para “la profundización de los cambios” es una argucia. Por tanto lo suyo es ceguera, al no reconocer, por ejemplo, el tema de la Asignación universal, la Ley de Medios o la lucha en torno al Banco Central de la República Argentina y la opción de utilizar reservas para mejorar el perfil pagador del Estado sin instrumentar una política de ajuste.
Nos quiere hacer creer que como ella no ve cambios que profundizar –los árboles que le tapan el bosque son De Vido, el denostado Moreno, etc.– la iniciativa de profundizar los cambios no es sino una simple argucia.
Entre otros reproches que plantea como interrogantes, pregunta “¿Dejar, por incuria y desdén, que el Riachuelo siga pudriéndose?” Claro que no hay que permitirlo. Pero lo del Riachuelo es larguísima historia y hace más de dos siglos que no está como lo encontró Pedro de Mendoza. Es una prueba fehaciente del aporte del capitalismo al equilibrio ecológico en nuestro país. Un testimonio inigualable de la dejadez estatal para con un área en la que viven en condiciones insalubres e inestéticas cinco millones de personas. Es un tema conflictivo entre los gobiernos de la Nación, la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
¿Por qué pretender que a Carta Abierta o al gobierno nacional no le importa y listo? Es una forma de lanzar mantos de amalgama que no resuelven los problemas. En realidad, a Sarlo, resolver los problemas no es lo que le interesa.
Es más, adjunta su fastidio de admitir algún progresismo en “los actos de Kirchner” llamándolos “una victoria discursiva”. Asegura que el debate sobre quiénes son progresistas y quiénes no “sólo interesa a un sector de las clases medias, urbanas, escolarizadas, con tiempo de ocio y sin las urgencias de la pobreza” pero ese “sólo” es falso y además corresponde a un altísimo porcentaje de nuestra población. Aunque sabe que lo que dice es reprensible, intenta cubrirse miserablemente: “No es una caracterización despectiva. De esas capas medias han salido políticos, académicos, científicos, artistas, todo lo que hace a la densidad de la cultura argentina”.
Admite que hay una “relativa bonanza (impensable en 2001)”. Pero el que crea en lo que dijo antes debiera hallar paradójico que en esto reconozca cambios. Sus expresiones confusas delatan al final sus verdaderas preocupaciones porque asegura que estos cambios “no deciden una elección”
He visto también relevante que al final se aclare que “la autora es ensayista, crítica literaria y docente universitaria”. Pero no aclara si se ubica entre progresistas o impresentables.
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Por Roberto Páez González, 28.07.10
Hay a quienes les gusta hablar de Platón o de Zaratustra cuando hablan de política argentina de hoy. Pasa bastante, asique si Beatriz Sarlo -en su artículo “Entre progresistas e impresentables”, de La Nación de hoy- evoca a Carl Schmitt podría parecer otra pompa de erudición destinada a gustar, y nada más. Pero no es así. Por quién fue Carl Schmitt y porque Sarlo lo menciona en relación a la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner y al ex presidente, Néstor Kirchner.
Lo hace después de haberse despachado críticamente respecto de casi todos los principales dirigentes políticos del período siguiente a la dictadura militar, acaso para dar la impresión de que no es mucho más mala con los Kirchner que con los demás.
Plantea la relación de los hombres políticos con el progresismo (aunque incluye a Graciela Fernández Meijide y Elisa Carrió). Bastante rápidamente se convence de que hoy por hoy casi nadie dice Soy un hombre de izquierda. Deja ese “lugar del espectro” a “pequeños partidos de origen trotskista y las organizaciones sociales no peronistas, sectores de la CTA y Proyecto Sur”.
Bien, ¿qué más? Vino Perón -porque parece que siempre vuelve- hizo un batido … ¡es increíble! es mejor citarla (un párrafo completo): “Los historiadores han afirmado muchas veces que Perón refundó de tal modo las identidades políticas que la división clásica entre derecha e izquierda perdió su sentido europeo o el que tiene en Chile y Uruguay. Otros agregan que, mucho antes, la Unión Cívica Radical había provocado esa dilución. El peronismo, muy notablemente, reclutó intelectuales que venían de la izquierda tradicional, del trotskismo y de la derecha nacionalista; los sometió a un batido ideológico manifiesto en los debates de los años sesenta y setenta del siglo XX. Entre las cosas que Kirchner trajo como novedad, figura la de haber reanimado la conciencia de que algo políticamente valioso se juega en la definición de progresista”.
O sea que: primeramente, se desliga un poco, escudándose en “los historiadores”; segundo: Perón –deus ex machina- repartió identidades políticas de “tal modo” que “la división clásica entre derecha e izquierda perdió su sentido europeo o el que tiene en Chile y Uruguay”; tercero: ya la UCR “había provocado esa dilución”. Bueno, leemos el resto del párrafo: el peronismo se permitió reclutar componentes y batirlos ideológicamente durante los años sesenta y setenta; finalmente, parece que Kirchner reanimó la conciencia de que en el progresismo hay algo de políticamente valioso.
¿Y qué? Preguntaría un extraterrestre … podría suponer que el peronismo es o era una fábrica de frutas, o que como dice “batido ideológico”- fue un brainstorming, un seminario, un coloquio …
Es con un propósito descalificador -para entendidos- que hace que se sobreentienda que en Argentina también funcionamos mal ideológicamente y somos ariscos como para no adaptarnos a la sana lógica razonable de derechas e izquierdas de Europa.
Luego se le ocurre decir que entre tanto “hubo cambios en las teorías sobre la política” y ahí emerge su Schmitt bañándonos de luces por añadidura: no importa lo que dice sobre “el decisionismo” o el “definir un conflicto en términos de amigo y enemigo”, sino que Carl Schmitt estuvo allegado al nazismo en sus orígenes y aunque el Tribunal de Núremberg finalmente no lo inculpó, pasó dieciocho meses en prisión; su antisemitismo no fue por cuestiones raciales sino religiosas.
Sarlo agrega que “a Kirchner se le atribuyó esa capacidad decisionista de creación vertical, de arriba hacia abajo, de lo político”. Por más que parezca mentira en Sarlo –destacada intelectual- no hay otro remedio que admitir que en esta nota salta continuamente del palo al frasco.
Empero, para algo es. Nos asegura que “Carl Schmitt fue leído en Europa y en la Argentina no como un pensador de la derecha, sino como brecha para renovar el pensamiento de la izquierda atascada en el parlamentarismo y el reformismo”. ¡Ja! Para peor, añade de inmediato que Chantal Mouffe se sirvió de perspectivas schmittianas y que ella es lectura de cabecera de la Presidenta. Recordemos, de paso, que Chantal Mouffe firmó Hegemonía y Estrategia Socialista con el reconocido Ernesto Laclau, autor también de La razón populista, en la que puso distancia crítica ante la percepción eurocéntrica del populismo como régimen político que degrada los valores de la democracia representativa en América Latina.
Por tanto, Beatriz Sarlo quiere matar dos pájaros de un tiro, pero no se anima aquí a usar el nombre de Laclau.
Viene el turno de Carta Abierta, cuyos intelectuales, según Sarlo, le dieron atractivo a la idea progresista con tres “argumentos”. El latinoamericanismo, el pueblo y la profundización de los cambios.
Hubo un debate cara a cara televisado entre Beatriz Sarlo y Horacio Gonzalez; éste dejó claro que si en la historia argentina hay una suerte de línea republicana liberal, también hay una suerte de línea nacional y popular. Sarlo finge no estar enterada –aunque mencionó lo de Perón, la UCR, y los años sesenta y setenta- como si el enfoque latinoamericanista de Carta Abierta y su crucial distingo entre “pueblo” y “gente” fueran hongos ideológicos que aparecieron después de la última lluvia.
Lo hace adrede, porque después llama “viejos discursos desactivados” a los de la Reforma universitaria, los socialistas Manuel Ugarte y Alfredo Palacios, el antiimperialismo revolucionario … vale decir, como si las novedades de Carta Abierta tuvieran que estar cortadas de una continuidad en los debates y elaboraciones de un pensamiento nacional, de una formación de la conciencia nacional, como sintetiza en su libro de 1960 Juan José Hernández Arregui.
Justamente, si el latinoamericanismo y el sujeto “pueblo” interesan, es porque hoy en Argentina soplan nuevas ganas culturales, por las que cada vez más ciudadanos se identifican con la unión suramericana –con la música y la cultura, los pueblos originarios, la paz, las soberanías nacionales y las mejoras sociales- y también ansían participar en la democracia y sentirse sujetos activos en los cambios, sin ignorar que hubo en nuestro país una disyuntiva histórica pueblo-oligarquía, reflejada también en la pulseada Gobierno-Mesa de enlace. Para Sarlo, Carta Abierta “activa temas como la identidad cultural asentada en una geografía histórica, de los que se creía, en los años noventa, que ya estaban definitivamente enterrados”. Pero ni estamos en los noventa, ni estaban enterrados, aunque Sarlo hace como que no se percata.
En cuanto a la profundización de los cambios, sigilosamente nos toma por tontos y eventuales cómplices a muchos de los que estamos apoyando a este gobierno, dando a entender que nos llevan de la nariz, e insistiendo en esa palabra mágica de estos años, la “caja” presidencial.
Dice que el impulso para “la profundización de los cambios” es una argucia. Por tanto lo suyo es ceguera, al no reconocer, por ejemplo, el tema de la Asignación universal, la Ley de Medios o la lucha en torno al Banco Central de la República Argentina y la opción de utilizar reservas para mejorar el perfil pagador del Estado sin instrumentar una política de ajuste.
Nos quiere hacer creer que como ella no ve cambios que profundizar –los árboles que le tapan el bosque son De Vido, el denostado Moreno, etc.– la iniciativa de profundizar los cambios no es sino una simple argucia.
Entre otros reproches que plantea como interrogantes, pregunta “¿Dejar, por incuria y desdén, que el Riachuelo siga pudriéndose?” Claro que no hay que permitirlo. Pero lo del Riachuelo es larguísima historia y hace más de dos siglos que no está como lo encontró Pedro de Mendoza. Es una prueba fehaciente del aporte del capitalismo al equilibrio ecológico en nuestro país. Un testimonio inigualable de la dejadez estatal para con un área en la que viven en condiciones insalubres e inestéticas cinco millones de personas. Es un tema conflictivo entre los gobiernos de la Nación, la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
¿Por qué pretender que a Carta Abierta o al gobierno nacional no le importa y listo? Es una forma de lanzar mantos de amalgama que no resuelven los problemas. En realidad, a Sarlo, resolver los problemas no es lo que le interesa.
Es más, adjunta su fastidio de admitir algún progresismo en “los actos de Kirchner” llamándolos “una victoria discursiva”. Asegura que el debate sobre quiénes son progresistas y quiénes no “sólo interesa a un sector de las clases medias, urbanas, escolarizadas, con tiempo de ocio y sin las urgencias de la pobreza” pero ese “sólo” es falso y además corresponde a un altísimo porcentaje de nuestra población. Aunque sabe que lo que dice es reprensible, intenta cubrirse miserablemente: “No es una caracterización despectiva. De esas capas medias han salido políticos, académicos, científicos, artistas, todo lo que hace a la densidad de la cultura argentina”.
Admite que hay una “relativa bonanza (impensable en 2001)”. Pero el que crea en lo que dijo antes debiera hallar paradójico que en esto reconozca cambios. Sus expresiones confusas delatan al final sus verdaderas preocupaciones porque asegura que estos cambios “no deciden una elección”
He visto también relevante que al final se aclare que “la autora es ensayista, crítica literaria y docente universitaria”. Pero no aclara si se ubica entre progresistas o impresentables.
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