Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos

Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos
Ricardo Carpani, 1991, acrílico sobre papel

23/02/2011

Medio Oriente: crisis, insurgencias y nuevos tableros

La lucha de los pueblos árabes y la crisis mundial
Por Lido Iacomini *

En los análisis, que comienzan a abundar, sobre los sucesos de Medio Oriente aparecen confusiones interpretativas, algunas veces interesadas como en algunos medios europeos y norteamericanos, que buscan llevar agua para su molino y otras veces expresan las insuficiencias teóricas que aún tenemos para poder penetrar en los rasgos más importantes de la nueva situación mundial, que obviamente va mucho más allá de los países árabes.

Veamos lo del agua del molino europeo-norteamericano: la insurgencia ya se produjo y como las modificaciones de los regímenes árabes serán inexorables, lo tolerable entonces es una “democratización” lo más iberal y engañosa posible que no sea ni antiimperialista ni antisionista. Y por supuesto que dañe lo menos posible los intereses económicos de las grandes potencias. “Hasta demócratas estilo Baradei llegamos”, podrían decir. En este caso la “confusión” es hacia los sectores populares que se han legítimamente insurreccionado, confusión con la que quieren captar, dividir y limitar los daños.

Nuestras confusiones son mucho más complejas. Opino que para orientarnos debiéramos tener en cuenta algunas cosas.

A) Estamos aún en pleno desarrollo, sin salida a la vista, de la mayor crisis económica sistémica de la que tengamos memoria. Hasta hace pocas semanas estábamos calculando cuáles eran los eslabones débiles europeos que seguirían a la debacle griega.

B) En el caso de las autocracias árabes, si bien el trasfondo económico que afecta a las masas está a la vista, la crisis es eminentemente política. Una regla casi, ya que si la crisis económica global no se ha resuelto esta saltará a lo político en los eslabones más débiles de la cadena, de la misma manera que la crisis económica que esta vez se desató en el centro del sistema imperial reventó quebrando a los países más débiles de Europa.

C) En todos los casos las causas económicas subyacentes en las crisis políticas árabes, las ligan a sus concesiones al sistema capitalista mundial, incluso en el caso libio. Recordemos que así como en Europa las socialdemocracias (de distinto pelaje, incluida la mayoría de las izquierdas) debieron uncirse al carro de la llamada globalización del neoliberalismo, en los países árabes la claudicación de las dirigencias otrora tercermundistas cumplieron el mismo papel, sobre todo después de las derrotas militares que Israel provocó a los árabes.

D) Así como en nuestra patria latinoamericana, sobre todo desde comienzos del siglo XXI, estamos a duras penas reconstruyendo organización popular y pensamiento renovado y propio, los países de aquella lejana región recién comienzan ese camino.

E) La crisis del imperialismo no es solo económica sino también política y en consecuencia militar. Las insurgencias en los países periféricos y los cambios de paradigma como los producidos en Latinoamérica son impensables sin esa convicción de los pueblos, que pueden alcanzar altísimas dosis de heroísmo pero nunca son suicidas. No es cierto como se suele oír que Obama y Bush son lo mismo o dos caras de la misma moneda. Esto es un reduccionismo que no permite observar el desarrollo y el derrotero que viene trazando el imperio norteamericano en su crisis más seria. No hablo de la crisis del capitalismo, a la que no le veo nada de terminal, sino a la crisis de EEUU como potencia hegemónica, capaz de ordenar el sistema mundial. La política troglodita y fascista de Bush fracasó y Obama surgió a consecuencia de ese fracaso y de allí la trabazón y el tironeo, la indecisión y el contrapaso permanente. El Pentágono puja respondiendo a sus reflejos ultrabelicistas y la realidad política le indica a un débil Obama que no puede seguir las guerras de Irak y Afganistán y a la vez abrir otro frente árabe. ¿Y si se agrava la situación bélica en Pakistán? ¿Puede acaso ser Obama el presidente de una contraofensiva militar?

Creo que los pueblos árabes en su conjunto ya no toleran las autocracias, los regímenes dictatoriales y buscan el protagonismo popular, que consideran indispensable para organizarse y darse su voluntario gobierno. Están emancipados de la carga de conciencia de tener que embestir regímenes que alguna vez fueron nacionales, aunque no populares como diría Norberto Galasso, porque a la vez que están acicateados por la malaria económica han adquirido los conocimientos y la cultura necesarias para exigir de la modernidad todo lo que le pueda servir, y quizás también lo que no les sirva, porque eso lo tendrán que aprender por propia experiencia. Una prueba de esto ha sido el uso que los medios modernos -como Internet, celulares, twitters, y cuanta sofisticación tecnológica exista- le han dado los jóvenes de clases medias, los “intelectuales” de toda revolución.

Por eso creo que hay que apoyar sin cortapisas todos estos procesos de levantamientos, sin temer al inevitable oportunismo que ejercerán europeos y norteamericanos. Es aún una incógnita saber cuáles serán las consecuencias concretas y particulares de estas revoluciones sobre la situación mundial y especialmente sobre el desarrollo de la crisis económica que afecta a la llamada globalidad. Lo que no cabe duda es que serán importantes. Pero lo decisivo es que si es el accionar de los pueblos alzados el que contribuye a torcer la correlación de fuerzas mundial, y aún cuando sabemos que el capitalismo sobrevivirá, otro será el optimismo con que enfrentaremos el futuro de la humanidad.

* Miembro de la coordinación de la Comisión de Asuntos Internacionales de Carta Abierta
 
Fuente: Correo de amigos, 22.01.11

Rumbos en América del Sur - Argentina

Rumbo a las elecciones de octubre

La tarea estratégica es Cristina 2011
Por Víctor Ego Ducrot *

Hay que confiar en la conducción política de Cristina y apoyar sin duda las decisiones que tomará en el momento que ella crea oportuno tomar, entre ellas las que deriven en la conformación de listas y candidaturas.

Para quienes estamos convencidos de que el modelo de país inaugurado por Néstor Kirchner en 2003 es hoy el mejor para todas y todos los argentinos, y de que la única garantía para su consolidación y profundización pasa por la capacidad militante, el temple y las condiciones de liderazgo que posee Cristina Fernández de Kirchner, el escenario nacional de cara a las elecciones de octubre resulta mucho más simple que aquel lógicamente atravesado por las apetencias sectoriales, y a veces personales, al interior del propio bloque transformador. Semejante afirmación deriva en la necesidad de militancia individual y colectiva dentro de lo que me animo a calificar como tríptico de tareas estratégicas.

Primero: desplegar el más amplio dispositivo posible de comunicación mediática y directa, entendiendo a esta última como la llamada “de boca en boca”, en los ámbitos cotidianos de cada uno de los que suscribimos al proyecto, para darle cada día más volumen cuantitativo y cualitativo al consenso social en torno a la idea de un nuevo mandato, decisivo, de la actual presidenta de la República.

Segundo: apelar a la militancia –ya lo dije, personal y colectiva– para dejar constancia de que ese consenso debe apoyarse no sólo en suscripciones ideológicas sino, fundamentalmente, en el amplio abanico de políticas públicas aplicadas por el gobierno en materia de crecimiento económico sostenido con inclusión social, cultural y política, densidad democrática en orden a la plena vigencia de los Derechos Humanos, en su más amplio significado, y recuperación de los principios de soberanía nacional y popular.

Tercero: estar alertas y en capacidad de rápida respuesta y movilización ante la posibilidad cierta de que los sectores más recalcitrantes de la oposición (los oligopolios del capital concentrado, las bandas criminosas del denominado duhaldismo y la corporación mediática encabezada por el Grupo Clarín y sus principales socios) continúen con más y nuevas operaciones de desestabilización, apelando a las herramientas que les provee la denominada teoría de “democracia vigilada más guerra de baja intensidad”. A ello me referí en mi columna del pasado miércoles, para recordar que la misma es monitoreada por los poderes globales hegemónicos, en particular desde los Estados Unidos, con el objetivo condicionar y destituir a gobiernos plenamente democráticos y autónomos.

En ese orden de asuntos, y teniendo en cuenta que fue un ministro de la Corte Suprema (ver “Hoy los golpes los dan las fuerzas de seguridad, no los ejércitos”, en Tiempo Argentino del 17 de enero pasado), el que alertó de alguna manera sobre los peligros que acechan a las democracias contemporáneas, no les cabe otros apelativos que el de inteligentes y oportunas a dos de las más recientes y notorias decisiones del Poder Ejecutivo: impedir el ingreso al país de material no declarado por parte del gobierno de los Estados Unidos y poner en caja nacional a todos los programas de entrenamiento en el exterior de las fuerzas de seguridad, excluyéndolos de toda matriz militar.

En ese mismo sentido, hay que destacar los anuncios formulados por la ministra Nilda Garré –uno de los cuadros políticos y de gestión decisivos con los que cuenta la presidenta–, tendiente a crear mecanismos de participación ciudadana en la ejecución de las políticas de seguridad; se trata de una iniciativa de máxima eficacia en la lucha contra el delito, pero también para la protección colectiva del sistema democrático.

Cualquier lector podría preguntarse si acaso estas líneas pretenden omitir el cúmulo de informaciones y versiones que le dan forma al internismo que anida dentro del multifacético bloque político y social que apoya a Cristina. De ninguna manera; simplemente parto de una categoría política constatada en la Historia: los proyectos y las conducciones estratégicas son los mejores vectores para el acomodamiento funcional de las disputas faccionales.

Para el caso Argentina 2011, si la militancia convierte a las tendencias que registran todas las encuestadoras en resultados electorales, la consagración de la presidenta para un nuevo mandato, con un aluvión de votos en primera vuelta, será, con toda seguridad, el mejor ordenador del campo propio; de allí se desprende que hay que confiar en la conducción política de Cristina y apoyar sin dudas las decisiones que tomará en el momento que ella crea oportuno tomar. Entre ellas las que deriven en la conformación de listas y de candidaturas; y, sobre todas las cosas, evitar cualquier movimiento que le haga el juego a esa derecha lumpen y desesperada, que se sabe perdedora y sólo cuenta con la operatoria cotidiana de la corporaciones mediáticas.

Es en este contexto donde, una vez más, cabe destacar el peso específico y estratégico que ha tenido para la democracia inclusiva de los argentinos la lucha por la democratización de la comunicación social y la consecuente consagración de la nueva Ley de Medios Audiovisuales, devenir encabezado, con mandato de Cristina, por Gabriel Mariotto, uno de los dirigentes políticos y funcionarios de Estado que con más perspicacia viene leyendo el escenario político actual, lo que sin dudas los pone en una posición de creciente expectativa respecto de sus futuras tareas militantes y de gobierno.

La derecha lumpen y sus patrones –la corporación mediática– saben que es sobre tableros como el actual, y con indudables resonancias a futuro, donde la ley para la democracia de la palabra se materializa con mayor densidad: al abrirse las alamedas de la información para una pluralidad de actores, los oligopolios resisten y se niegan a acatarla, pero tienen en claro que se les acabó su hora de discurso único, creador de supuestas realidades, tergiversador y a esta altura de los acontecimiento, decididamente mentiroso.

Qué habrán pensado Magnetto, sus editorialistas y sus sirvientes de la camándula política al enterarse por una encuesta difundida días pasados por este diario, según la cual el 72,7% de los periodistas encuestados está de acuerdo con la Ley de Medios Audiovisuales, que el 79,3% sostiene que en el país rige una plena libertad de expresión y que un 70,2% considera que las que atentan contra ella son las empresas donde trabajan.

Vaya a saber uno qué se cruzó por sus cabezas, seguro que nada bueno ni justo. Sus decires y actitudes cotidianas indican que han decidido continuar con las campañas de mentiras y abonar nuevas maniobras neogolpistas o desestabilizadoras. Quizás sea por eso, aunque sea sólo por eso, que valga la pena tener en cuenta la urgencia de ser consecuentes con la estrategia de hacer que Cristina reviente las urnas con votos en las elecciones de octubre, sin otras consideraciones que emanen de la propia ansiedad; y, por supuesto, estar alertas.

* Periodista, escritor y profesor universitario.



Fuente: Tiempo Argentino, 24.02.11







01/02/2011

TRANSFORMAR AMERICA LATINA

REUNIÓN HISTÓRICA


Dilma: “Argentina y Brasil


son cruciales


para transformar América Latina”

Tras un encuentro con la Presidenta en Casa Rosada, la jefa de Estado de Brasil, expresó: “Es una gran alegría estar aquí en la Argentina”. Cristina remarcó que la integración “no es sólo económica: también es de contenido político, social y humano”.



Balcón femenino: Carlotto, Cristina, Dilma y Hebe en la Casa Rosada.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, llamó hoy a luchar contra el proteccionismo aduanero impuesto por las naciones desarrolladas y aseguró que Argentina y Brasil “tienen una amplia convergencia de visiones en materia internacional”.

La mandataria brasileña dijo: “Podemos decir que aprendimos con (Néstor) Kirchner y que seguiremos profundizando el Mercosur, seguiremos trabajando en una cordinacion estrecha y tenemos una amplia convergencia de visiones.
“Las misiones hacia Haití muestran el compromiso con la paz de Argentina y Brasil, estoy segura de que la Presidenta argentina en el G77 hara que las sociedad en desarrollo tengamos un puente hacia la región”, agregó Dilma al hablar en la Cancillería.
Además, tras el encuentro con la presidenta Cristina Fernández en Casa Rosada, la jefa de Estado de Brasil, Dilma Rousseff, manifestó: “Argentina y Brasil son cruciales para transformar América Latina”, durante una conferencia de prensa conjunta.

Además, expresó: “Es una gran alegría estar aquí en la Argentina. Yo hice hincapié de que mi primer contacto con un país extranjero fuera Argentina. Argentina y Brasil son cruciales para que podamos transformar el destino de América Latina”.
“Son los dos mayores países de la región y presentan un gran potencial, que América Latina puede aprovechar en este momento”, agregó.
También habló de “sensatez y coraje, en un modelo para contemplar entre ambos países que implique también un crecimiento para ambos países. Yo tengo la certeza de que la presidenta Cristina Fernández va a dar pasos decisivos para la construcción de un mundo mejor abriendo sus puertas a países latinoamericanos”.
“Tenemos varios proyectos en común. La construcción de lo que tiene que ver con planes sociales y viviendas que son necesarias para nuestras poblaciones”, agregó Rousseff.
Asimismo, la mandataria se refirió al ex presidente al señalar que “(Néstor) Kirchner, no sólo como presidente de Argentina sino como presidente de la Unasur, siempre le ha dado importancia al resto de los países de la región”.
“La cooperación bilateral nos fortalece”, remarcó Rousseff y destacó la importancia del “avance tecnológico” tanto en Brasil como en la Argentina.

Por otro lado, hizo referencia a su “experiencia con las Madres de la Plaza de Mayo. Con su preocupación que existe desde el punto de vista ocupacional. Las felicito por el papel que han tenido y tienen en la historia argentina. Les agradezco muchísimo, sobre todo a Cristina, por cómo me ha recibido aquí. Que tenga la certeza de que los acuerdos que hemos firmado van a buen puerto”, concluyó Rousseff.

A su vez, Cristina manifestó: “Como hemos charlado en la extensa reunión que hemos mantenido a solas, este encuentro debe significar la integración productiva entre ambos países”.

La integración, aclaró Cristina, “no es sólo económica: también es de contenido político, social y humano”.
“Agradezco también el maravilloso gesto de la presidenta de haber solicitado mantener una entrevista con Madres y Abuelas, un gesto que la distingue como mujer, política, madre y como sujeto histórico de lo que han sido la historia de nuestros países y nuestro continente”, destacó la anfitriona.

“Nuestro destino está unido al de Brasil”, dijo Cristina, al tiempo que analizó el contexto internacional para marcar las similitudes entre los países vecinos. “Los mundos de cambios deben ser interpretados, decodificados y aprovechados por los que tenemos responsabilidades institucionales. Creemos en la necesidad de que el crecimiento y la soberanía de la nación tengan como protagonista a la inclusión social”, indicó.
“El crecimiento económico solamente es bueno si puede llegar a todos los hombres y mujeres a través de la educación, el trabajo, la salud y la vivienda”, señaló.

Y concluyó, antes de darle la palabra a su colega: “Si Brasil y Argentina estaban unidas, ahora lo estarán aún más. Quiero agradecer a Dilma su presencia aquí y decirle que Brasil y usted como tal van a tener siempre la colaboración, el amor, el cariño, la admiración y el afecto de nuestro país, nuestro pueblo y esta Presidenta”.

Durante el encuentro, la presidenta de Brasil se asomó al famoso balcón central de la Casa de Gobierno, desde donde hablaron el presidente Juan Domingo Perón y su esposa Eva Duarte, “Evita”.
La mandataria se aproximó al lugar, luego de una invitación de Cristina Fernández, momentos antes de participar de la reunión con dirigentes de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Rousseff y Fernández observaron el lugar con historia luego de compartir una reunión a solas durante más de 90 minutos y luego que la presidenta de Brasil, saludó con un beso a cada una de las integrantes de las entidades defensoras de derechos humanos en un clima de cordialidad.
En su primer viaje oficial al exterior, Rousseff llegó al Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery cerca del mediodía acompañada por miembros de su gabinete como el asesor en política exterior, Marco Aurelio García.
Por expresó pedido de la mandataria brasileña, Abuelas y Madres de Plaza de Mayo mantuvieron un encuentro con Rousseff.
La agenda comenzó después de las 12 cuando Rousseff ingresó a la Casa Rosada donde la estaba esperando en el Salón Blanco su par argentina. Tras realizar los saludos protocolares, ambas mandatarias se dirigieron al despacho presidencial.
Está previsto que luego del almuerzo del que participan ambas mandatarias en el Palacio San Martín, Rousseff emprenda el regreso a Brasilia desde el Aeroparque metropolitano.
Fuente: http://robertopaezgonzalez.wordpress.com/2011/02/01/cristina-y-dilma-transformar-america-latina/

25/01/2011

Mundo: escasa creación de empleo

Empleo mundial sin recuperación

Reacción lenta

Por Tomás Lukin


La recuperación del sendero de crecimiento económico, la inversión, el consumo y el intercambio comercial a escala global que comenzó el año pasado no tiene un correlato en la creación de puestos de trabajo. Un informe elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que la cantidad de desocupados ascendió a 205 millones de personas el año pasado, una cifra similar a la registrada en 2009. El documento proyecta que la dinámica laboral mejorará levemente durante los próximos doce meses, hasta los 203 millones de desocupados. En ese escenario, los asalariados en situación de vulnerabilidad representan al 50 por ciento de la fuerza laboral mundial y la cantidad de personas que ganan menos de 1,25 dólares por día aumentó en 40 millones durante 2009. Los mercados de trabajo en los países en desarrollo muestran una evolución más sólida que las principales potencias económicas mundiales. En ese sentido, el informe de la OIT que se presenta hoy destaca la recuperación de los niveles de empleo en Argentina, Brasil y Uruguay.

Las cifras que presenta el informe Tendencias globales de empleo 2011 reflejan la profundidad del impacto del crisis sobre los distintos mercados de trabajo alrededor del mundo. “Precisamos repensar las combinaciones típicas de políticas macroeconómicas y hacer de la creación de empleo un objetivo tal como lo son las altas tasas de crecimiento, la baja inflación y los presupuestos públicos equilibrados”, expresó el director general de la OIT, Juan Somavía. El documento enfatiza la necesidad de promover medidas para fortalecer la demanda interna y el incremento de la protección social.

Según sostiene la entidad, el mercado de trabajo tarda entre cuatro y cinco años más en recuperarse que otras variables económicas, nunca sin dejar secuelas sobre la distribución del ingreso, la calidad del empleo y las remuneraciones. Para 2011, el documento estima una leve mejora en la tasa mundial de desempleo, de 6,2 a 6,1 por ciento, significativamente por encima de la tasa de 5,6 por ciento registrada en 2007, antes de la crisis.

El impacto de la crisis sobre el nivel de empleo y el ritmo de la recuperación varían según la región. El 55 por ciento del incremento en el desempleo global entre 2007 y 2010 se produjo en las economías desarrolladas. A pesar de la reactivación económica, el desempleo promedio en las economías europeas y en Estados Unidos ascendió al 8,8 por ciento durante el año pasado. En muchos de esos países los trabajadores experimentaron rebajas salariales, la flexibilización de la legislación laboral y la reducción de los beneficios de la seguridad social. En España el desempleo llegó a superar el 20 por ciento.

En América latina, el desempleo urbano recuperó los niveles previos a la crisis, al caer hasta el 7,4 por ciento. Los últimos datos disponibles para Argentina, correspondientes al tercer trimestre de 2010, se ubican en 7,3 por ciento. En la región, el crecimiento impulsado por políticas de impulso a la demanda efectiva, el despliegue de políticas activas de empleo y el sólido comportamiento de las cuentas externas permitió crear 1,2 millones de trabajo. Para 2011, la OIT proyecta que a pesar de la desaceleración en el ritmo de crecimiento, la desocupación caerá hasta el 7,2 por ciento.

 

Fuente: Página 12, 25.01.11

05/11/2010

“Amanece, ensíllenme el caballo”

El legado de Néstor Kirchner

Por Ernesto Laclau *

A medida que los días vayan pasando, el país comprenderá crecientemente las verdaderas dimensiones de la tragedia que representa para los argentinos la súbita desaparición de Néstor Kirchner. Con él hemos perdido al estadista de mayor envergadura que nuestro país haya producido en los últimos cincuenta años. A él estará siempre ligada la transformación profunda del Estado que la Argentina experimentara a partir de 2003.

Hay que situarse mentalmente en el umbral de aquel año para advertir todo lo que ha cambiado. El 2003 no está tan lejano en el tiempo y, sin embargo, lo que lo precediera parece pertenecer claramente a otra época. El país venía de una serie de experiencias traumáticas: la dictadura militar, con la que, en razón de una serie de leyes y amnistías, la ruptura había sido tan sólo parcial; el neoliberalismo menemista que, a través de sus privatizaciones y desregulaciones, había puesto a la Argentina al borde de la bancarrota; el fracaso estrepitoso del gobierno de la Alianza, que condujo a los estallidos de 2001. Había un cinismo y un desencanto generalizados respecto de la política, que encontraría su expresión en el notorio lema “que se vayan todos”.

Ya las movilizaciones sociales subsiguientes a la crisis –las fábricas recuperadas, la extensión del movimiento piquetero y otros fenómenos concomitantes– estaban preanunciando que el ciclo del neoliberalismo estaba llegando a su conclusión. Pero lo que muy pocos esperaban era que esas movilizaciones fueran a encontrar eco y simpatía al nivel del Estado nacional. Fue contra todas las expectativas que ocurrió el 2003. Al principio, el nuevo tipo de discurso fue recibido con un considerable grado de escepticismo. Se trataba, en la apreciación de muchos, de mera retórica, tras la cual habrían de ocultarse las habituales componendas de trastienda. Pero pronto hubo que rendirse a la evidencia: el nuevo gobierno estaba comprometido con un programa total de reestructuración de la sociedad argentina a sus distintos niveles. Programa que no podía dejar de suscitar la adhesión popular, a la vez que herir intereses creados que se habían consolidado a lo largo de decenios. En poco tiempo pudimos verificar el apoyo brindado por el Gobierno a las organizaciones populares; la decisión de operar, a través de los juicios a los represores, el desmantelamiento de la ESMA y otras medidas similares, la ruptura más radical con el pasado dictatorial que haya tenido lugar en el continente latinoamericano; la reorientación nacional de la economía, en el proceso que va desde la ruptura de facto con el FMI hasta el reforzamiento del Mercosur y el rechazo del plan del ALCA de Bush en la reunión de Mar del Plata de 2005; la democratización de la Corte Suprema y de la cúpula militar, etc. Como es sabido, toda esta corriente profunda de cambio fue continuada y radicalizada a través de una serie de medidas legislativas durante el gobierno de la presidenta Cristina Fernández, que ha representado uno de los esfuerzos más ambiciosos y sistemáticos en nuestro continente por reestructurar al Estado y redefinir sus relaciones con la sociedad civil. Todo esto se ha hecho en el marco de una integración cada vez mayor de la Argentina al espectro de los nuevos gobiernos progresistas de América latina. El país está menos solo que nunca en el pasado.

No voy a entrar a discutir la minucia de este programa legislativo. En los últimos días otros –Mario Wainfeld y Horacio Verbitsky entre ellos– lo han hecho en artículos excelentes. Pero sí quisiera referirme a un aspecto clave, que revela la naturaleza del legado de Néstor Kirchner, a la vez que su estilo particular de liderazgo. Me refiero a las resistencias que toda tentativa de cambio profundo suscita y al coro de infundios con el que las fuerzas reaccionarias pretenden combatirla. Hace unos días, los plumíferos de La Nación caracterizaban al kirchnerismo como “populismo autoritario”. La fórmula misma ya es, desde luego, problemática y ambigua, pero cuando se la usa para caracterizar la situación argentina es doblemente absurda. Un populismo autoritario sólo podría ser uno en el que las masas fueran enteramente pasivas y sometidas a un liderazgo que tomara las decisiones sin compartir el proceso deliberativo con nadie. Esto puede llegar a ocurrir en ciertas sociedades –pensemos, por ejemplo, en el Zimbabwe de Mugabe–, pero cuando esto ocurre, la deriva autoritaria es cada vez menos populista, ya que las masas son sustituidas por pequeños grupos de matones reclutados y organizados desde el poder. En tales condiciones lo que prima es el autoritarismo, en tanto que el populismo se limita a una cáscara vacía, a una interpelación meramente retórica, sin participación activa alguna de las masas.

Ahora bien, cualquiera que conozca mínimamente lo que está pasando en la Argentina, sabe muy bien que en ella se da la situación exactamente opuesta. Todas las medidas legislativas han sido tomadas sobre la base de la movilización autónoma de uno u otro sector de la sociedad. ¿Cómo explicar entonces esta insistencia en los peligros autoritarios del kirchnerismo? La respuesta es obvia. Se trata de crear una cortina de humo, por la que la supuesta “defensa de las instituciones” frente al “avance autoritario” no es sino un burdo intento por defender un statu quo en el que las corporaciones medran, frente al intento de democratizar a estas instituciones desde dentro. ¿Recuerdan ustedes la reunión reciente del Sr. Magnetto con líderes de la oposición para planificar algo no claramente especificado pero que, en todo caso, implicaba a claras luces organizar la confrontación con el Gobierno? ¿Y recuerdan ustedes esa otra reunión, mucho más siniestra, en la que se obligó a Lidia Papaleo a resignar el control de Papel Prensa bajo amenazas de muerte? La misma historia acerca de la sórdida acción del poder corporativo frente a la voluntad popular se repite en todas las instituciones. El gran dilema a ser dirimido en los próximos años, comenzando por las elecciones de 2011, es quién va a prevalecer: la Argentina corporativa del pasado o la Argentina popular que comenzó a emerger con las movilizaciones de 2001, que se consolidó en 2003 y que desde entonces ha ido ganando batalla tras batalla.

Es en el umbral de esta confrontación que el nombre de Néstor Kirchner permanecerá siempre como un signo liminar y señero. Ya no será una bandera para las luchas, pero se ha transformado en algo más importante: en un símbolo para las conciencias. Quiero recordar tres aspectos de su obra y de su mensaje. El primero es que fue uno de los demócratas más radicales que la Argentina haya producido en años recientes. Nunca intentó imponer una voluntad burocrática, sino que siempre buscó en las movilizaciones espontáneas de los grupos de base los aliados naturales a través de los cuales pensar, repensar y matizar su proyecto. El segundo es que nunca hizo una interpelación fácil a masas inestructuradas, sino que comprendió que, en las complejas sociedades contemporáneas, cualquier proyecto de cambio tiene que pasar por la transformación interna de las instituciones. No sé si Néstor habrá leído a Gramsci, pero en todo caso su acción política muestra algo que es profundamente gramsciano: la comprensión de que, en las sociedades contemporáneas, no hay populismo fácil; que, sin la mediación institucional, no hay proyecto político coherente. En tal sentido él mostró, a través de su acción política, algo que siempre pensé: que entre institucionalismo y populismo siempre hay una compleja negociación, los resultados de la cual presentarán matices distintos en diferentes sociedades.

Hay, finalmente, una tercera dimensión que es decisiva para entender el legado de Kirchner: su firmeza de acero, su compromiso total con las causas que abrazaba. Era un hombre de lucha, no de transacciones. Esto es lo que indignaba a sus detractores y lo que denominaban su tendencia “a doblar la apuesta”. Creo que se trataba de algo más importante que eso. El tenía perfecta conciencia de la naturaleza de las fuerzas con las que se enfrentaba, y sabía que sólo una voluntad inquebrantable sería capaz de confrontarlas.

¿Qué nos queda por hacer ahora, hacia adelante, después de Néstor? La respuesta es clara: proseguir su obra y completar su tarea. El nos ha legado objetivos que son más vastos que su vida y que la nuestra y que incluyen a todo nuestro continente. América latina ocupará su puesto en esta marcha general de los pueblos que habrá de conducir, desde la barbarie neoliberal, al establecimiento de formas justas, libres y racionales entre los hombres. Ya hemos oído estos últimos días las voces melifluas y viscosas de aquellos que, restregándose las manos de satisfacción, dicen que ahora Cristina está sola y tendrá que contemporizar con la oposición. Los que eso piensan van a encontrarse con una sorpresa. En primer término, parecen no conocer el temple de nuestra Presidenta, cuya determinación militante se ha mostrado en todas las pruebas –muchas duras– que debió pasar durante su gobierno. En todas las circunstancias mostró una claridad de propósitos y una determinación en su ejecución que la coloca en situación de total paridad con su predecesor.

En segundo lugar, Cristina no está sola. Ha perdido, es verdad, al compañero de su vida y la acompañamos todos en su dolor. Pero la acompaña también todo un pueblo, el cual se ha manifestado en los últimos días en una de las expresiones de pesar colectivo más inmensas –quizá la más inmensa– de la historia argentina. Debemos hacerle a Néstor, en las palabras de Antonio Machado, “un duelo de labores y esperanzas”. Cada fábrica, cada escuela, cada hogar, deben erigirse como la expresión de la voluntad colectiva de que la llama que se encendió en 2003 no se extinga jamás. Que todos los argentinos nos identifiquemos con aquellas palabras que José Gervasio de Artigas pronunciara en su lecho de muerte: “Amanece, ensíllenme el caballo”.


* Profesor de Teoría Política (Universidad de Essex).

30/10/2010

Los restos de Néstor Kirchner descansan en Río Gallegos

En medio de una multitud, los restos de Néstor Kirchner
quedaron depositados en el cementerio de Río Gallegos


De vuelta en el lugar donde empezó todo

En una concentración pocas veces vista en Río Gallegos, los santacruceños despidieron al ex presidente. Cristina Fernández, junto a Hugo Chávez y un grupo de funcionarios y amigos, participó de una ceremonia religiosa en la capilla del cementerio. La Presidenta descansará el fin de semana y el lunes vuelve a Buenos Aires. Por Nicolás Lantos- Desde Río Gallegos


“Nunca vi tanta gente en Río Gallegos”, dejó escapar un local, mientras esperaba la llegada del cortejo de despedida de Néstor Kirchner. Era una larga columna que rodeaba por ambos lados los nueve kilómetros de la autovía que une el Aeropuerto Piloto Norberto Fernández con el cementerio municipal de la capital santacruceña, y que acompañó la última procesión del ex mandatario hasta que ingresó, poco después de las ocho de la noche, a la capilla adonde fue velado por última vez y donde permanecerá para que los santacruceños puedan pasar a despedirse. Su mujer, la presidenta Cristina Fernández, sus hijos Máximo y Florencia, el venezolano Hugo Chávez y funcionarios del gobierno nacional, dirigentes políticos, figuras de la cultura y el espectáculo y allegados a la familia formaron parte de la íntima y última ceremonia. Luego, Cristina acompañó a Chávez al aeropuerto y se retiró a su nueva casa en esta ciudad. Luego de depositar el ataúd en la sencilla bóveda de la familia Kirchner, la Presidenta descansará pero sólo por el fin de semana: el lunes a primera hora está prevista su vuelta a Buenos Aires para retomar su labor.
Poco después del mediodía comenzó a congregarse la gente a la vera de la ruta y frente al cementerio. Algunos, claramente militantes, que dejaban contra el vallado carteles con mensajes. Otros, sólo curiosos, que observaban con extrañeza las grúas que se instalaron para que los camarógrafos pudieran seguir los detalles del día. También llegaron, a lo largo de la tarde, delegaciones de sindicatos como la Uocra y de mineros de los yacimientos carboníferos de Río Turbio, ataviados con su uniforme de trabajo, casco y linterna en la cabeza.
No faltaron banderas, carteles escritos a mano ni globos negros; las escarapelas compartían el pecho de los manifestantes con crespones negros de luto; había más particulares que militantes organizados; los niños corrían y jugaban, despreocupados, entre la gente.

Casi no había nubes que taparan el sol y el viento (que en Río Gallegos puede ser insoportable) se había tomado un descanso. “Acá está la mitad de Río Gallegos”, se sorprendió un observador, pero lo cierto es que también hubo quienes se acercaron a despedir por última vez al ex presidente desde el interior de la provincia e incluso desde las vecinas Tierra del Fuego y Chubut. Durante las más de dos horas que demandó la procesión, aplaudían al paso del auto que llevaba los restos de Kirchner y luego se cerraban para seguirlo, marchando sobre el asfalto. A la cabeza, la columna de La Cámpora abría el camino, que sólo se complicó en los últimos metros, cuando el caudal de gente acumulada generó un tumulto que se resolvió rápidamente.

Ya empezaba a oscurecer cuando comenzaron a llegar, en varios micros, los invitados, que viajaron en vuelos programados especialmente para la ocasión. Así, se mezclaron en la espera legisladores como Carlos Kunkel, Mariano West Ocampo, Diana Conti, Agustín Rossi y Nicolás Fernández y los aliados Martín Sabbatella, Carlos Heller y Ariel Basteiro con figuras de la cultura y el espectáculo entre los que se destacaban Pablo Echarri, Gustavo Garzón, Andrea del Boca y Claudio Villarroel.

Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto representaron a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Los movimientos sociales y organizaciones políticas de base estuvieron representados por una fuerte comitiva: estaban, entre otros, Emilio Pérsico (Movimiento Evita), Luis D’Elía (Central de Movimientos Populares), Marcelo Koenig (Movimiento Peronista Revolucionario), Lorena Pokoik (Corriente Peronista Nacional) y Edgardo Depetri (Frente Transversal); todos ellos colgaron sus banderas de las rejas para adornar el recibimiento. Por ahí también se vio al ex titular del Occovi Claudio Uberti, quien esperó que pasara el cortejo y luego se marchó.

Los restos de Néstor Kirchner llegaron al aeropuerto de Río Gallegos pasadas las cinco y media de la tarde, en el mismo avión de la Fuerza Aérea en que viajó la Presidenta, su familia, y los allegados más cercanos: el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el de Legal y Técnica, Carlos Zannini; el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, entre otros. Allí los esperaban el gobernador santacruceño Daniel Peralta y el presidente venezolano, Hugo Chávez, único de los mandatarios regionales que asistieron al velatorio en la Casa Rosada que estiró su estadía en el país para darle un último adiós a Kirchner. El cortejo, que tardó algo más de dos horas en recorrer los nueve kilómetros de recorrida, estuvo protegido por dos hileras de militantes que, brazo contra brazo, protegían la caravana de los curiosos que pretendían acercarse demasiado.

Una vez en el cementerio, el féretro fue instalado en la capilla, donde se llevó a cabo un breve oficio religioso reservado sólo a los más cercanos, y luego lo velaron durante un par de horas para que la gente de Río Gallegos se despidiera por última vez. Todo estaba preparado para que, horas después, finalmente, sea inhumado en el mausoleo de su tío, Carlos Arturo Kirchner, que un día antes fue refaccionado especialmente para la ocasión (el ataúd presidencial era demasiado grande para pasar por la puerta). Ese, sin embargo, no será su definitivo lugar de descanso: poco después de su última intervención quirúrgica, el ex presidente compró una parcela aledaña adonde habrá de construirse un nuevo panteón que pronto albergará sus restos mortales.

Fuente: Página 12, 30.10.10

11/10/2010

EL 11 DE OCTUBRE

Conmemorar el 11 de octubre en las escuelas


por la reivindicación de los pueblos originarios

CINCO SIGLOS DE PROHIBICIÓN DEL ARCOIRIS EN EL CIELO AMERICANO

POR EDUARDO GALEANO


El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.
Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.
Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales.

De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.)

Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir ek nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero.

Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?

Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas.

El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios. Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio.

En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacão Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista.

Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria.

La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugiso comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil.

El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie.

El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador:

-No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento.

Y canta lo que le cuenta la neblina:

-Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío.

Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo:

-Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.

Pero los misioneros de una secta evangélica han obligado al chamán a dejar sus plumas y sus sonajas y sus cánticos, por ser cosas del Diablo; y él ya no puede curar las mordeduras de víboras, ni traer la lluvia en tiempos de sequía, ni volar sobre la tierra para cantar lo que ve. En una entrevista con Ticio Escobar, el shamán dice: Dejo de cantar y me enfermo. Mis sueños no saben adónde ir y me atormentan. Estoy viejo, estoy lastimado. Al final, ¿de qué me sirve renegar de lo mío?

El shamán lo dice en 1986. En 1614, el arzobispo de Lima había mandado quemar todas las quenas y demas instrumentos de música de los indios, y había prohibido todas sus danzas y cantos y ceremonias para que el demonio no pueda continuar ejerciendo sus engaños. Y en 1625, el oidor de la Real Audiencia de Guatemala había prohibido las danzas y cantos y ceremonias de los indios, bajo pena de cien azotes, porque en ellas tienen pacto con los demonios.

Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo.

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:

-Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Los doctores del Estado moderno, en cambio, prefieren la coartada de la ilustración: para salvarlos de las tinieblas, hay que civilizar a los bárbaros ignorantes. Antes y ahora, el racismo convierte al despojo colonial en un acto de justicia. El colonizado es un sub-hombre, capaz de superstición pero incapaz de religión, capaz de folclore pero incapaz de cultura: el sub-hombre merece trato subhumano, y su escaso valor corresponde al bajo precio de los frutos de su trabajo. El racismo legitima la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los diversos niveles de sus humillaciones sucesivas. América Latina trata a sus indios como las grandes potencias tratan a América Latina.

Gabriel René-Moreno fue el más prestigioso historiador boliviano del siglo pasado. Una de las universidades de Bolivia lleva su nombre en nuestros días. Este prócer de la cultura nacional creía que los indios son asnos, que generan mulos cuando se cruzan con la raza blanca. Él había pesado el cerebro indígena y el cerebro mestizo, que según su balanza pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca, y por tanto los consideraba celularmente incapaces de concebir la libertad republicana.

El peruano Ricardo Palma, contemporáneo y colega de Gabriel René-Moreno, escribió que los indios son una raza abyecta y degenerada. Y el argentino Domingo Faustino Sarmiento elogiaba así la larga lucha de kis indios araucanos por su libertad: Son más indómitos, lo que quiere decir: animales más reacios, menos aptos para la Civilización y la asimilación europea.

El más feroz racismo de la historia latinoamericana se encuentra en las palabras de los intelectuales más célebres y celebrados de fines del siglo diecinueve y en los actos de los políticos liberales que fundaron el Estado moderno. A veces, ellos eran indios de origen, como Porfirio Díaz, autor de la modernización capitalista de México, que prohibió a los indios caminar por las calles principales y sentarse en las plazas públicas si no cambiaban los calzones de algodón por el pantalón europeo y los huaraches por zapatos.

Eran los tiempos de la articulación al mercado mundial regido por el Imperio Británico, y el desprecio científico por los indios otorgaba impunidad al robo de sus tierras y de sus brazos.

El mercado exigía café, pongamos el caso, y el café exigía más tierras y más brazos. Entonces, pongamos por caso, el presidente liberal de Guatemala, Justo Rufino Barrios, hombre de progreso, restablecía el trabajo forzado de la época colonial y regalaba a sus amigos tierras de indios y peones indios en cantidad.

El racismo se expresa con más ciega ferocidad en países como Guatemala, donde los indios siguen siendo porfiada mayoría a pesar de las frecuentes oleadas exterminadoras.

En nuestros días, no hay mano de obra peor pagada: los indios mayas reciben 65 centavos de dólar por cortar un quintal de café o de algodón o una tonelada de caña. Los indios no pueden ni plantar maíz sin permiso militar y no pueden moverse sin permiso de trabajo. El ejército organiza el reclutamiento masivo de brazos para las siembras y cosechas de exportación. En las plantaciones, se usan pesticidas cincuenta veces más tóxicos que el máximo tolerable; la leche de las madres es la más contaminada del mundo occidental. Rigoberta Menchú: su hermano menor, Felipe, y su mejor amiga, María, murieron en la infancia, por causa de los pesticidas rociados desde las avionetas. Felipe murió trabajando en el café. María, en el algodón. A machete y bala, el ejército acabó después con todo el resto de la familia de Rigoberta y con todos los demás miembros de su comunidad. Ella sobrevivió para contarlo.

Con alegre impunidad, se reconoce oficialmente que han sido borradas del mapa 440 aldeas indígenas entre 1981 y 1983, a lo largo de una campaña de aniquilación más extensa, que asesinó o desapareció a muchos miles de hombres y de mujeres. La limpieza de la sierra, plan de tierra arrasada, cobró también las vidas de una incontable cantidad de niños. Los militares guatemaltecos tienen la certeza de que el vivio de la rebelión se transmite por los genes.

Una raza inferior, condenada al vicio y a la holgazanería, incapaz de orden y progreso, ¿merece mejor suerte? La violencia institucional, el terrorismo de Estado, se ocupa de despejar las dudas. Los conquistadores ya no usan caparazones de hierro, sino que visten uniformes de la guerra de Vietnam. Y no tienen piel blanca: son mestizos avergonzados de su sangre o indios enrolados a la fuerza y obligados a cometer crímenes que los suicidan. Guatemala desprecia a los indios, Guatemala se autodesprecia.

Esta raza inferior había descubierto la cifra cero, mil años antes de que los matemáticos europeos supieran que existía. Y habían conocido la edad del universo, con asombrosa precisión, mil años antes que los astrónomos de nuestro tiempo.

Los mayas siguen siendo viajeros del tiempo:

¿Qué es un hombre en el camino? Tiempo.

Ellos ignoraban que el tiempo es dinero, como nos reveló Henry Ford. El tiempo, fundador del espacio, les parece sagrado, como sagrados son su hija, la tierra, y su hijo, el ser humano: como la tierra, como la gente, el tiempo no se puede comprar ni vender. La Civilización sigue haciendo lo posible por sacarlos del error.

¿Civilización? La historia cambia según la voz que la cuenta. En América, en Europa o en cualquier otra parte. Lo que para los romanos fue la invasión de los bárbaros, para los alemanes fue la emigración al sur.

No es la voz de los indios la que ha contado, hasta ahora, la historia de América. En las vísperas de la conquista española, un profeta maya, que fue boca de los dioses, había anunciado: Al terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo. Y cuando se desate la boca, ¿qué dirá? ¿Qué dirá la otra voz, la jamás escuchada?

Desde el punto de vista de los vencedores, que hasta ahora ha sido el punto de vista único, las costumbres de los indios han confirmado siempre su posesión demoníaca o su inferioridad biológica. Así fue desde los primeros tiempos de la vida colonial:

¿Se suicidan los indios de las islas del mar Caribe, por negarse al trabajo esclavo? Porque son holgazanes.

¿Andan desnudos, como si todo el cuerpo fuera cara? Porque los salvajes no tienen vergüenza.

¿Ignoran el derecho de propiedad, y comparten todo, y carecen de afán de rqueza? Porque son más parientes del mono que del hombre.

¿Se bañan con sospechosa frecuencia? Porque se parecen a los herejes de la secta de Mahoma, que bien arden en los fuegos de la Inquisición.

¿Jamás golpean a los niños, y los dejan andar libres? Porque son incapaces de castigo ni doctrina.

¿Creen en los sueños, y obedecen a sus voces? Por influencia de Satán o por pura estupidez.

¿Comen cuando tienen hambre, y no cuando es hora de comer? Porque son incapaces de dominar sus instintos.

¿Aman cuando sienten deseo? Porque el demonio los induce a repetir el pecado original.

¿Es libre la homosexualidad? ¿La virginidad no tiene importancia alguna? Porque viven en la antesala del infierno.

En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores:

-Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió?

El cacique había sido elegido por los ancianos de las comunidades. ¿Había sido el rey de Castilla elegido por los ancianos de sus comunidades?

La América precilombina era vasta y diversa, y contenía modos de democracia que Europa no supo ver, y que el mundo ignora todavía. Reducir la realidad indígena americana al despotismo de los emperadores incas, o a las prácticas sanguinarias de la dinastía azteca, equivale a reducir la realidad de la Europa renacentista a la tiranía de sus monarcas o a las siniestras ceremonias de la Inquisición.

En la tradición guaraní, por ejemplo, los caciques se eligen en asambleas de hombres y mujeres -y las asambleas los destituyen si no cumplen el mandato colectivo. En la tradición iroquesa, hombres y mujeres gobiernan en pie de igualdad. Los jefes son hombres; pero son las mujeres quienes los ponen y deponen y ellas tienen poder de decisión, desde el Consejo de Matronas, sobre muchos asuntos fundamentales de la confederación entera. Allá por el año 1600, cuando los hombres iroqueses se lanzaron a guerrear por su cuenta, las mujeres hicieron huelga de amores. Y al poco tiempo los hombres, obligados a dormir solos, se sometieron al gobierno compartido.

En 1919, el jefe militar de Panamá en las islas de San Blas, anunció su triunfo:

-Las indias kunas ya no vestirán molas, sino vestidos civilizados.

Y anunció que las indias nunca se pintarían la nariz sino las mejillas, como debe ser, y que nunca más llevarían aros en la nariz, sino en las orejas. Como debe ser.

Setenta años después de aquel canto de gallo, las indias kunas de nuestros días siguen luciendo sus aros de oro en la nariz pintada, y siguen vistiendo sus molas, hechas de muchas telas de colores que se cruzan con siempre asombrosa capacidad de imaginación y de belleza: visten sus molas en la vida y con ella se hunden en la tierra, cuando llega la muerte.

En 1989, en vísperas de la invasión norteamericana, el general Manuel Noriega aseguró que Panamá era un país respetuosos de los derechos humanos:

-No somos una tribu -aseguró el general.

Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho fértiles los desiertos en la cordillera de los Andes. Las tecnologías modernas, en manos del latifundio privado de exportación, están convirtiendo en desiertos las tierras fértiles en los Andes y en todas partes.

Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de producción; pero no menos absurdo es ignorar las catástrofes de un sistema que exprime a los hombre y arrasa los bosques y viola la tierra y envenena los ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menos. ¿No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado internacional? En ese absurdo vivimos; y lo aceptamos como si fuera nuestro único destino posible.

Las llamadas culturas primitivas resultan todavía peligrosas porque no han perdido el sentido común. Sentido común es también, por extensión natural, sentido comunitarios. Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de tener dueño la tierra? Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra vamos, ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete? La tierra es cuna y sepultura, madre y compañera. Se le ofrece el primer trago y el primer bocado; se le da descanso, se la protege de la erosión.

Es sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El racismo es también una máscara del miedo.

¿Qué sabemos de las culturas indígenas? Lo que nos han contado las películas del Far West. Y de las culturas africanas, ¿qué sabemos? Lo que nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca estuvo.
Dice un poeta del interior de Bahía: Primero me robaron del África. Después robaron el África de mi.
La memoria de América ha sido mutilada por el racismo. Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa, y de nadie más.
A fines del siglo pasado, un médico inglés, John Down, identificó el síndrome que hoy lleva su nombre. Él creyó que la alteración de los cromosomas implicaba un regreso a las razas inferiores, que generaba mongolian idiots, negroid idiots y aztec idiots.
Simultáneamente, un médico italiano, Cesare Lombroso, atribuyó al criminal nato los rasgos físicos de los negros y de los indios.

Por entonces, cobró base científica la sospecha de que los indios y los negros son proclives, por naturaleza, al crimen y a la debilidad mental. Los indios y los negros, tradicionales instrumentos de trabajo, vienen siendo también desde entonces, objetos de ciencia.

En la misma época de Lombroso y Down, un médico brasileño, Raimundo Nina Rodrigues, se puso a estudiar el problema negro. Nina Rodrigues, que era mulato, llegó a la conclusión de que la mezcla de sangres perpetúa los caracteres de las razas inferiores, y que por tanto la raza negra en el Brasil ha de constituir siempre uno de los factores de nuestra inferioridad como pueblo. Este médico psiquiatra fue el primer investigador de la cultura brasileña de origen africano. La estudió como caso clínico: las religiones negras, como patología; los trances, como manifestaciones de histeria.

Poco después, un médico argentino, el socialista José Ingenieros, escribió que los negros, oprobiosa escoria de la raza humana, están más próximos de los monos antropoides que de los blancos civilizados. Y para demostrar su irremediable inferioridad, Ingenieros comprobaba: Los negros no tienen ideas religiosas.

En realidad, las ideas religiosas habían atravesado la mar, junto a los esclavos, en los navíos negreros. Una prueba de obstinación de la dignidad humana: a las costas americanas solamente llegaron los dioses del amor y de la guerra. En cambio, los dioses de la fecundidad, que hubieran multiplicado las cosechas y los esclavos del amo, se cayeron al agua.

Los dioses peleones y enamorados que completaron la travesía, tuvieron que disfrazarse de santos blancos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a los millones de hombres y mujeres violentamente arrancados del África y vendidos como cosas. Ogum, dios del hierro, se hizo pasar por san Jorge o san Antonio o san Miguel, Shangó, con todos sus truenos y sus fuegos, se convirtió en santa Bárbara. Obatalá fue Jesucristo y Oshún, la divinidad de las agus dulces, fue la Virgen de la Candelaria...

Dioses prohibidos. En las colonias españolas y portuguesas y en todas ls demás: en las islas inglesas del Caribe, después de la abolición de la esclavitud se siguió prohibiendo tocar tambores o sonar vientos al modo africano, y se siguió penando con cárcel la simple tenencia de una imagen de cualquier dios africano.

Dioses prohibidos, porque peligrosamente exaltan las pasiones humanas, y en ellas encarnan. Friedrich Nietzsche dijo una vez:

-Yo sólo podría creer en un dios que sepa danzar.

Como José Ingenieros, Nietzsche no conocía a los dioses africanos. Si los hubiera conocido, quizá hubiera creído en ellos. Y quizá hubiera cambiado algunas de sus ideas. José Ingenieros, quién sabe.

La piel oscura delata incorregibles defectos de fábrica. Así, la tremenda desigualdad social, que es también racial, encuentra su coartada en las taras hereditarias.Lo había observado Humboldt hace doscientos años, y en toda América sigue siendo así: la pirámide de las clases sociales es oscura en la base y clara en la cúspide. En el Brasil, por ejemplo, la democracia raciasl consiste en que los más blancos están arriba y los más negros abajo. James Baldwin, sobre los negros en Estados Unidos:

-Cuando dejamos Mississipi y vinimos al Norte, no encontramos la libertad. Encontramos los peores lugares en el mercado de trabajo; y en ellos estamos todavía.

Un indio del Norte argentino, Asunción Ontíveros Yulquila, evoca hoy el trauma que marcó su infancia:

-Las personas buenas y lindas eran las que se parecían a Jesús y a la Virgen. Pero mi padre y mi madre no se parecían para nada a las imágenes de Jesús y la Virgen María que yo veía en la iglesia de Abra Pampa.

La cara propia es un error de la naturaleza. La cultura propia, una prueba de ignorancia o una culpa que expiar. Civilizar es corregir.

El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitmente condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos impide ver las causas reales de nuestra desventura histórica. Además, el racismo nos impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que las culturas despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en ellas encarnan todavía, mal que bien, a pesar de los siglos de persecución, humillación y degradación. Esos valores fundamentales no son objetos de museo. Son factores de historia, imprescindibles para nuestra imprescindible invención de una América sin mandones ni mandados. Esos valores acusan al sistema que los niega.

Hace algun tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de descubrir, me dijo:

-Es el oprimido el que descubre al opresor.

Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido.

Ignacio Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de profecía.

¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata?

* * *
EDUARDO GALEANO

Ser como ellos y otros artículos, Siglo Veintiuno Editores, México, 1992. (lire moins)

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